La sociedad civil catalana está desanimada ante los sucesos vividos durante los últimos meses. Desde el presidente Montilla hasta el último ciudadano, nos encontramos envueltos por la desolación, la incredulidad y la conciencia de que la corrupción impera por doquier. Pero frente al derrotismo imperante, hemos de ser optimistas y disfrutar de los logros obtenidos en los últimos años por emprendedores, por gente luchadora, con ganas de invertir y de fortalecer las economías catalana y española.

Los resultados obtenidos en los últimos años son apabullantes. La empresa catalana ha conseguido internacionalizarse con casos tan brillantes como los de la joyería Tous presente en 42 países con 350 tiendas; Mango que en pocos años se ha colocado como la empresa española presente en un mayor número de naciones; Simon presente en tres continentes; Almirall con compras sonadas en Francia; La Caixa y Banco Sabadell que siguen adquiriendo participaciones en bancos de Europa, Asia y América; Abertis, una de las compañías catalanas más multinacional; nuestros grandes cocineros de renombre mundial; Gas Natural, un líder que tras la compra de Unión Fenosa ya es la primera potencia mundial en el campo de la distribución de gas y el cuarto grupo operador de gas natural licuado; o el caso del grupo de constructuras catalanas de élite que trabajan en medio mundo. Los ejemplos de empresas catalanas, familiares y no familiares en franca expansión internacional durante los últimos años, forman una lista larguísima, de la que hemos extraído sólo algún caso llamativo.

Pero no es solo esto. La estructura del mundo empresarial catalán es sólida y como muestra, basta el botón de La Caixa y su comparación con la atribulada Caja Madrid; se trata de dos modelos de compañía, una sólida, discreta y la otra absolutamente politizada y enzarzada en luchas internas que poco dicen en su favor.

Y si hablamos de instituciones, Cataluña puede presumir de entidades como el Círculo Ecuestre y el Círculo de Economía, activas y prestigiadas dentro y fuera de nuestras fronteras. O las olimpiadas de 1992, que colocaron a Barcelona en lo más alto entre las capitales mundiales. El aeropuerto con su nueva terminal, la expansión del puerto y su área logística, los importantes centros de investigación nacidos en esta comunidad autónoma, el RACC, las victorias del Barça, el nuevo estadio del Espanyol, los éxitos en motociclismo, tenis y baloncesto o la patronal Fomento del Trabajo, entidad hoy despolitizada y bien gobernada.

Cataluña crece y progresa, gracias a una sociedad civil ejemplar y prestigiada. Pese a los avatares políticos y a la corrupción.