El problema de la España actual viene del año 1996, cuando los dos grandes partidos de ámbito nacional, PP y PSOE deciden nombrar el primero a Rajoy en lugar de Rato como sucesor de Aznar (fue el mismo Aznar quien eligió a su sucesor), y el segundo a Rodríguez Zapateroen lugar de Bono. Sin duda, la historia reciente de España sería hoy bien distinta de haber contado en las respectivas cabezas con personalidades del talante de Rodrigo Rato y José Bono.

Rodríguez Zapatero ha ganado las dos últimas elecciones y ha situado a España en una situación económica y política que sin ambages, califico de tremenda: desconfianza empresarial, desacuerdo social, desprestigio internacional, campeones mundiales en paro y populismo trasnochado en el ejercicio de gobierno. El presidente Rodríguez y el ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, no tienen otra idea que criticar al empresariado, que es el motor de la creación de empleo. Y así nos va como nos va.

De cualquier forma, y aunque diga como el filósofo y escritor bilbaíno Miguel de Unamuno que “¡Me duele España!”, no hemos de caer en el pesimismo. Un factor positivo, que me ilusiona de cara al futuro inmediato, es el papel positivo que en todo este caos en el que estamos inmersos, está representando la sociedad civil española, realmente ejemplar. Pese a todo, los españoles de a pie seguimos con ganas de ir hacia adelante, de crear riqueza, de innovar, de hacer cosas, de trabajar, de tirar el carro hacia adelante.

No nos resignamos a retroceder y, pese a la nefasta clase política actual, creemos en nosotros mismos, estamos convencidos de que la batalla contra la crisis económica la ganaremos y tengo esperanza de que las cosas las arreglaremos para iniciar la marcha ascendente sino antes, en 2012. España será diferente en el futuro porque los empresarios, los trabajadores, el español de la calle, estamos dispuestos todos a luchar contra las adversidades, a hacer oídos sordos a las amenazas fiscales y a los desacuerdos sociales, tenemos confianza en el futuro de España, volveremos a invertir, nos ganaremos de nuevo la confianza internacional y llevaremos a cabo, pese a la apatía gubernamental, las reformas estructurales que la economía exige con urgencia.

Los españoles, ajenos a la demagogia de Moncloa y a la pésima oposición de Génova, estamos dispuestos a recuperarnos y a salir adelante. Para eso contamos con una clase empresarial de primer orden. Estoy seguro de que a partir de 2012, tras las eleciones generales, las cosas pintarán de manera diferente y los malos tiempos vividos por la grave crisis económica sufrida en los últimos años, sin parangón en la historia reciente de España, pasarán a la historia.