Hace ahora justo veinte años que se produjo la fusión de Caja de Pensiones y Caja de Barcelona. Fue en 1989 cuando los consejos de administración de ambas entidades, presididos por Juan Antonio Samaranch y Josep Joan Pintó, unían sus destinos bajo el eufemismo de la palabra “fusión”, si bien en la práctica fue una pura absorción de Barcelona por Pensiones. El consejo de administración de la entidad resultante quedaba presidido por Samaranch, Pintó aparecía como copresidente y presidente de la obra social y el director general de la entidad absorbente, José Vilarasau, quedaba con igual cargo en la caja resultante, mientras que el director general de Barcelona, Abel Ruste era designado director general adjunto. Ricardo Fornesa mantenía el cargo de secretario general.
Por cierto, que hubo unanimidad absoluta en la asamblea general de Caja de Pensiones a la hora de realizar la fusión, pero no ocurrió lo mismo en el seno de Caja de Barcelona, cuya asamblea general se desarrolló en un clima de fuerte tensión y el resultado fue ajustado.
No hubo ningún movimiento desde entonces entre las diez cajas de ahorro catalanas, hasta llegar a 2009, cuando la crisis galopante que nos envuelve, ha empujado a cuatro cajas comarcales a mover ficha. Son (por oden alfabético) las de Girona, Manlleu, Sabadell y Terrassa. La iniciativa partió de Enric Mata, director general de Caixa Terrassa, quien hace un año inició las conversaciones con el director general de Caixa Sabadell, Jordi Mestre, para impulsar el entonces denominado “Projecte Gaudí”. Luego se añadiría a las negociaciones Caixa Manlleu y tras la negativa de Caixa Manresa el cuarteto quedaría completado con Caixa Girona.
El proyecto ya ha recibido las reglamentarias bendiciones oficiales del Ministerio de Hacienda, Banco de España y Generalitat, avanza con paso firme y se calcula que a finales de año o inicios de 2010, quede ultimado tras la aprobación de las respectivas asambleas generales.
Quedará así formada una nueva gran caja catalana cuyo nombre está todavía por decidir. De momento, se ha convocado a todas las plantillas para que den ideas y luego un comité de expertos decidirá entre las propuestas que hayan hecho llegar los trabajadores.
Se trata, según advierten los responsables de la operación, de un “primer proyecto de fusión” acordado entre tres las cajas de Manlleu, Sabadell y Terrassa el pasado 21 de julio, a las que se unió el 7 de septiembre Girona. La crisis, el tamaño, la morosidad, los beneficios poco abultados y un exceso de oficinas, son algunos de los motivos que han impulsado la operación, que hace diez o veinte años hubiera sido impensable dado el fuerte enraizamiento de cada entidad en su territorio. No es baladí la suma de más de 500 millones de euros que las cuatro entidades van a solicitar al Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) para acometer la fusión y financiar las 500 indemnizaciones (la plantilla conjunta actual es de 4.500 empleados y la final se calcula que serán unos 4.000), el cierre de oficinas (la red global pasará de 950 a unas 750) y la gestión de los seguros.
La idea es que la nueva entidad financiera entre en funcionamiento lo más pronto posible, quizás a inicios de 2010. Los presidentes de las cuatro entidades, Manuel Serra (Girona), Joan Contijoch (Manlleu), Salvador Soley (Sabadell) y Jaume Ribera (Terrassa) han destacado a la hora de valorar el proyecto, la acogida favorable que ha tenido a nivel económico, político y social, así como por parte de los órganos de gobierno de las respectivas entidades.
Con datos del cierre de 2008, Caixa Girona administraba un volumen de recursos de depósitos de 6.886 millones de euros y ganó 26 millones netos, Caixa Manlleu llegó a 2.501 y 6 millones respectivamente, Caixa Sabadell a 11.886 y 42 millones y finalmente, Caixa Terrasa administraba 10.659 millones en depósitos y ganó 49 millones netos.
Queda por determinar ahora la configuración territorial aunque la idea es la de mantener las actuales cuatro sedes centrales donde se distribuirán los diferentes servicios centralizados. La incógnita por el momento es saber dónde se centralizará el domicilio social de la entidad, aunque Sabadell tiene muchas probabilidades. En cuanto a los cargos ejecutivos, parece que ya está determinado que el primer director general sea Enric Mata (Caixa Terrassa), pro´ximo a cumplir 65 años y a su jubilación sea sucedido por Jordi Mestre (Caixa Sabadell). En cuanto a la presidencia, el primer mandatario de la nueva caja de ahorros, puede ser Salvador Soley.

