Ramón Tamames, economista y políglota, habla inglés (ha dado conferencias en la universidad de Barcelona en este idioma), catalán (aprendido en la universidad), alemán y francés, además de tener conocimientos amplios de italiano, portugués y ruso.

En el Círculo de Economía en 1966 presentó un análisis de coyuntura de la economía española. Tamames recuerda bien este hecho, y añade que entonces presidía la institución Carlos Güell de Sentmenat.

¿Ha cambiado mucho la economía española desde 1966 hasta hoy?

-El cambio ha sido radical. Es algo más de una generación, el país ha progresado en todos los órdenes y creo que además existe ahí una referencia histórica interesante que es la siguiente: En 1959 hay el Plan de Estabilización, en 197o se firma el acuerdo preferencial de Ullastres que nos da el regusto de la exportación industrial a la Comunidad Europea, en 1977 surgen los Pactos de la Moncloa en los que yo participé activamente y en 1986 España ingresa en la Comunidad Europea.

Además, en 1998 ocurre nuestra incorporación desde el principio a la Unión Monetaria, que nos da una nueva cultura financiera, la cual significa poco déficit público, inflación baja, créditos mucho más baratos, moneda estable y además, reducción de la deuda pública a través de las privatizaciones, que permite ya un presupuesto en el que las inversiones en infraestructuras son muy importantes.

En 1962 dio su primera conferencia en Barcelona invitado por el decano de la Facultad de Económicas, Fabián Estapé.

Efectivamente, me causó gran entusiasmo la invitación. Había estado el día antes en Zaragoza y prorrogué la cena porque el exprés a Barcelona pasaba a las dos de la madrugada. Cuando llegamos mi mujer y yo a la estación de Sants, a las siete y media de la mañana, nos esperaban Ernest Lluch y Jacinto Ros Hombravella, quienes llevaban en la mano un ejemplar de la revista Información Comercial Española, para reconocernos. La conferencia fue en el Aula Magna, sobre la política agraria, con un millar de oyentes.

En los años 60 usted publicó un libro titulado “Cuatro problemas de la economía española”. Si hoy volviera a escribirlo, ¿qué cuestiones destacaría?

-Recuerdo que el libro contenía un estudio monográfico de los saldos migratorios internos, dado que la economía española estaba prácticamente cerrada. La segunda cuestión trataba de la agricultura, que debía modernizarse. El tercer tema era sobre los monopolios y aunque hoy nuestra economía se ha liberalizado, quedan todavía monopolios, por ejemplo el sector eléctrico o el de combustibles fósiles, petróleo y gas. No hay monopolios públicos y fiscales, pero monopolios de hecho, sí que los hay. Y el último punto era una crítica del Plan de Desarrollo.

Y si nos ponemos al día de hoy, la agricultura está muy modernizada aunque el gran cambio no se ha producido todavía, que es la agrupación de explotaciones. De 850.000 explotaciones agrícolas que hay, las 50.000 primeras en tamaño producen el 80 por ciento del sector. Pero existen todavía muchas microexplotaciones que debemos dimensionar hacia arriba. En el campo migratorio tenemos un déficit de crecimiento demográfico muy fuerte que se llena con la inmigración. Y en monopolios todavía persisten algunos mercados con elementos monopolísticos importantes.

Pero centrándonos en la actualidad, el gran problema que tenemos es el de las administraciones públicas, que son ineficientes, burocráticas y saprofíticas. Además, añadiré que el Estado de las autonomías, contra el cual yo no estoy porque fuí firmante de la Constitución y lo hice consciente de lo que era el artículo octavo, ha generado una hemorragia legislativa. Hoy el mercado único español está roto por todas partes.

Creo que una reforma de la Constitución, sin atentar contra las autonomías básicamente, tiene que mantener unos preceptos de unidad de mercado muy serios, que no existen hoy.

Usted en los años setenta se había reunido en alguna cripta de iglesia barcelonesa para hablar con los sindicatos. ¿Qué eran aquellas reuniones?

Recuerdo que las sostuve con López Bulla y con Gregorio López Raimundo. Y con otra mucha gente tenía encuentros en Barcelona, como son Jordi Borja, Jordi Solé Turá, José María Castellet y Jordi Carbonell, entre otros. Era gente con la que celebraba reuniones de vez en cuando. La verdad es que había muy buena relación entre Madrid y Barcelona.

Usted ha tenido varios encuentros con Jordi Pujol. Cuénteme.

-Uno, por ejemplo, fue en Ibede (Instituto Balear de Estudios Empresariales) en el año 1974, al que asistió también un teólogo amigo mío, José María González Ruiz. La reunión fue muy interesante, se habló de los banqueros, el oficio entonces de Pujol, y el teólogo los acusó de egoistas. Jordi Pujol protestó un poco y González Ruiz le respondió afirmando “es que los banqueros estais en pecado estructural”, frase que nunca se me olvidará.

Luego llegan sus encuentros continuados, ya en los años setenta, con el alcalde de Barcelona Narcís Serra.

-La verdad es que cuando yo venía a Barcelona a dar conferencias, siempre aparecía Narcís Serra y a mí me parecía que aquel jovencito (tendría en torno a los veinte años) era inquieto, siempre hablaba y discutía. Luego, ya de alcalde y yo primer teniente de alcalde de Madrid, tuvimos una relación más intensa en los primeros tiempos de los ayuntamientos democráticos, para pedirle al Gobierno un apoyo económico. Entonces el presidente Suárez se portó, realmente se portó.

El apunte

Planeta es el mejor grupo editorial en lengua española

Rememorando su libro sobre las oligarquías en España, ¿se mantiene aquí el sistema oligárquico?

-Hasta cierto punto sí. Lo que pasa es que las oligarquías se renuevan. Florentino Pérez, presidente de ACS, no viene de una familia oligárquica. Y los Entrecanales son de segunda o terecera generación. Amancio Ortega es nuevo. Sí, en todo sistema hay oligarquías porque el poder se concentra. Pero eso no significa que sean malas. El problema está en si el empresariado tiene un nivel de innovación importante.

Yo creo que tenemos el mejor empresariado de toda nuestra historia en España. Porque además ha sabido convertirse en multinacional y también pacta con las fuerzas trabajadoras y eso es muy importante. Los empresarios hoy no miran a los trabajadores con el odio de los años veinte del siglo pasado. Eso ya no existe desde hace muchos años y ahora lo que hay es el intento de repartir la tarta y que la tarta sea cada vez mayor.

¿Es usted optimista de cara al futuro?

Sí. España tiene un potencial extraordinario y tenemos un idioma común que algunos catalanes tiene que apreciar más, porque es un instrumento de trabajo. Por ejemplo, Planeta es el mejor grupo editorial en lengua española. Y las implantaciones de inversiones foráneas en Iberoamérica, con base en el idioma, también tienen mucha relación con Barcelona. Creo que ese problema hay que resolverlo. Y considerar que es un idioma tanto de los catalanes como de los madrileños o de los andaluces o de los vascos.

La crisis actual, ¿cómo repercutirá en el nuevo orden global?

La conferencia de Washington estuvo bien, la posterior de Londres mucho mejor y además el G-20 y España se han comprometido a reunirse. Todo esto son avances positivos de cara al nuevo orden global.

Por cierto, es curioso que España sea el único país que aparece como individualidad y en eso hay que reconocer el mérito que ha tenido Rodríguez Zapatero. Está claro que vamos a seguir avanzando, vamos a reforzar las instituciones globales y eso es importante.

Madrid y Barcelona, ¿sana competencia?

Sí, deben ser dos ciudades en competencia constante, eso es bueno para ambas. Cataluña tiene que seguir batallando. Ya perdió la batalla de Ifema, hoy la primera empresa madrileña por PIB aportado. La capital está por delante con su macro-aeropuerto y Mercamadrid es el centro de redistribución de alimentos de España. Y su red arterial es mucho más completa que la de Barcelona, donde existen muchos problemas de infraestructuras.

Señor Tamames, ¿a dónde va España hoy a nivel económico?

Creo que hemos tenido una experiencia constitucional extraordinaria. La constitución de 1978 ha sido una especie de bálsamo de Fierabrás, que curaba todas las enfermedades, como leemos en el Quijote. Eso ha sido positivo pero creo que tenemos que revisar la constitución y sin renunciar al Estado de las Autonomías, ajustar las cosas. Tenemos diecisiete mercados diferentes para la sanidad, para los sistemas educativos y hasta para la administración de farmacias. ¡Es increible!

Hay que homogeneizar el país otra vez en muchos aspectos, porque lo actual repele las inversiones extranjeras. Por ejemplo Wal Mart, la primera compañía del mundo en ventas, que es en tamaño veinte veces El Corte Inglés, dice que no invierte en España porque somos diecisiete países, cada uno con sus días de apertura en fiestas, cada uno con sus restricciones de superficies y de horarios. ¡Es una cosa espantosa! Ahí hemos perdido el rumbo y un país disgregado no puede ser administrado con eficiencia.

Además, tenemos mucha burocracia. Al llegar la democracia éramos un millón y medio de funcionarios. Ahora son tres millones. En este tiempo el aumento de la población ha sido del 20-25 por ciento y el de la burocracia del 100 por ciento. ¡Esto es insoportable, un país no puede funcionar así!.

También tengo que decir que en Cataluña la burocracia es del 11 por ciento de la población activa ocupada y en Extremadura llega al 32 por ciento. Hay comunidades en España donde el empleo público es una forma de clientelismo.

El apunte

Obama puede ser un gran presidente

¿Será Obama un buen presidente?

Creo que Obama ha tenido un buen inicio y si Estados Unidos ayuda, el progreso de la globalización va a ser portentoso. El problema es si Obama queda sometido al complejo industrial militar y a los grandes poderes fácticos de Estados Unidos y acaba siendo un presidente como los demás. Yo apuesto a que todavía está en la tendencia a ser un gran presidente para el mundo. Cada presidente norteamericano tiene su guerra, la de Kennedy fue la de Vietnam y Obama tiene la de Afganistán y si esta última se deteriora las políticas globales se vienen abajo. Y se puede deteriorar porque es difícil pacificar Afganistán.

Usted en 1993 dio una conferencia titulada “El nuevo orden mundial”. ¿Se podía prever entonces lo que iba a ocurrir en el mundo quince años después?

Creo que sí, ya había una idea. Es decir, los dos choques petroleros, que ocurrieron en 1973 y en 1979, fueron un aviso y lo mismo fue la crisis de 1991-1992. La globalización progresó mucho gracias al GATT, la Organización Mundial de Comercio, el acta de Marrakech (de 1995) y en cambio, los poderes globales no han crecido. Tenemos una economía global que funciona bastante bien, pero con unas crisis virulentas, porque no existe una regulación ni una supervisión global, que es lo que se está planteando en estos momentos.

Si hay una economía global tiene que haber una regulación global y al final, una moneda global. Los chinos ya han planteado que ellos no pueden seguir con el dólar como moneda de reserva porque pierden muchísimo por las fluctuaciones de la valuta norteamericana. Hay que ir más allá y crear una moneda global que yo llamo “cosmos”. Creo que vamos a avanzar en globalización y a reforzar las instituciones globales.

Segun Tamames, Cataluña tiene que dar la batalla para seguir a la par con Madrid

“Creo que Rodríguez Zapatero va a perder las próximas elecciones”

¿Qué futuro le espera a la economía española?

Si nos queremos recuperar con rapidez, habrá que introducir cambios en el modelo de la economía española. Hemos de conseguir una economía más flexible, más en la línea de la unidad de mercado y competitividad, con nuevos tipos de convenios colectivos para pactar la productividad y con un sistema fiscal menos recaudacionista y más impulsor.

Creo que hay muchas reformas por hacer. Lo que pasa es que el presidente Rodríguez Zapatero no está por ello, él quiere ganar votos y piensa que los votos los da la promesa de mantener el desempleo y de prolongar la época de desempleo. Creo que va a perder las próximas elecciones, porque eso la gente ya no se lo va a creer. Los comicios europeos de junio van a ser un test y si gana el PP, a la vez que amortigua sus luchas intestinas y sus miserias corruptivas, podrían hacer un diseño. Lo que pasa es que ellos ahora están mal de economistas porque creo que Montoro ha derivado a una faceta de activista político, Rato no está dentro y otros economistas valiosos como José Luis Feito no se deciden a pasar a la política.

Usted, que en cierta forma es un experto en la economía catalana, ¿cree que seguirá siendo motor de la economía española?

Me temo que el tema no está tan claro. Yo acuñé en los años 2004-2005 de crecimiento, la expresión de que Madrid se estaba convirtiendo en la locomotora económica de España. Y de eso son conscientes los catalanes.

Pero lo cierto es que Cataluña sigue teniendo sobre Madrid unas ventajas importantes, locacionales, portuarias, de amplia industria básica, con buenas escuelas de negocios y de empresariado fuerte y tradicional. Cataluña tiene que dar la batalla para seguir a la par con Madrid.