A tenor de la crisis de gobierno estallada durante la reciente Semana Santa, advierto una vez más un defecto contumaz en la clase política española, que es su falta de preparación intelectual. José Blanco, el flamante vicepresidente del Gobierno español llegó a estudiar Derecho, pero no acabó la carrera, según figura en su biografía, la cual, por cierto, pone en evidencia que Blanco no ha hecho nada en la vida, que no sea colaborar en el Psoe, partido en el que ingresó a los 16 años de edad; es decir, desconoce la empresa privada; no sabe lo que es cobrar una mensualidad que no sea la del partido.

El caso de José Montilla es parecido al de Blanco: no tiene licenciatura aunque sus biógrafos aseguran que empezó y no acabó dos carreras, económicas y derecho; ha trabajado siempre para el Psoe.

Un ejemplo ciertamente patético lo encontramos en el presidente del Parlamento catalán, Ernest Benach, sin estudios conocidos y sin otro empleo que no haya sido el de empleado de bajo nivel en la Generalitat. Incluso el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, licenciado en derecho y profesor ayudante de Universidad, no desempeñó ningún cargo de responsabilidad hasta que llegó a la presidencia del Gobierno; es decir, ni tan siquiera había ocupado un modesto cargo de concejal ni tuvo a su cargo un equipo de hombres al que dirigir, hasta el momento de vivir en La Moncloa y encargarse de gobernar al pueblo español.

Otra cosa son los nuevos vicepresidentes Manuel Chaves (doctor en derecho y profesor de universidad, aunque tampoco nunca empleado en otra “empresa” que no haya sido Ugt o el Psoe) y Elena Salgado (ingeniera industrial, licenciada en Económicas y master por la Escuela de Organización Industrial, que además ha trabajado en el sector privado de las telecomunicaciones).

Tenemos cerca de nosotros un ejemplo de profesionalización de la clase política: se trata de la Escuela Nacional de Administración (ENA), centro de formación por el que pasan un buen número de futuros funcionarios del gobierno francés. Con menos de cien graduados por año, la ENA que está ubicada en Estrasburgo, dota de cerebros a los diferentes cuerpos de la función pública del Estado y lo hace además, en función de sus calificaciones finales. Es decir, los primeros de la promoción eligen los puestos de mayor responsabilidad como son inspección de Finanzas, Tribunal de Cuentas de Francia y Consejo de Estado.

Si a cualquier directivo empresarial se le piden hoy en España título universitario e idiomas para acceder a un puesto de responsabilidad, no estaría de más exigir lo mismo a la clase política.