Creo que fue la entonces ministra socialista de Cultura, Carmen Calvo, la que en una entrevista periodística dijo aquello de que “estamos manejando dinero público, y el dinero público no es de nadie”. Efectivamente, ni de las izquierdas, ni de las derechas. Porque el despilfarro ha sido una constante de la clase política española de todos los colores y en todos tiempo. Pero en época de crisis este asunto adquiere tintes dramáticos. ¡Ya es hora de denunciarlo con claridad! Hoy el despilfarro sigue existiendo, pero ante una masa laboral en paro que ronda los cuatro millones de personas, es cruel.

Digámoslo claro. En esta época, aguantando sobre nuestras espaldas la crisis econónima más grave que padecemos desde el estallido de la Guerra Civil, gastar alegremente “el dinero de nadie” constituye una auténtica aberración. He leído en alguna parte que el último Gobierno socialista ha aumentado en uno el número de Ministerios, en siete las Secretarías de Estado, en 19 las Direcciones Generales, en 13 los asesores de ministros y en 28 los asesores de Secretarios de Estado. Diputaciones y Ayuntamientos los hay, donde se cuentan por docenas los “asesores” que lo único seguro que hacen, es cobrar suculentos sueldos a fin de mes.

En esta época, suenan a sarcasmo los gastos de la Comunidad de Madrid en el Teatro del Canal, o el mobiliario suntuoso que Ruiz Gallardón ha colocado en su alcaldía madrileña. O los casos recientes de ministros en Madrid y políticos autonómicos que gastan “el dinero de nadie” en mobiliario, subvenciones superfluas, coches, escoltas y chóferes, en sumas sonrojantes.

No entiende el pueblo llano que la Generalitat de Cataluña gaste y gaste en estrambóticas “delegaciones” situadas en los mejores enclaves de Nueva York o de varias capitales europeas. Es difícil de explicar la existencia de flotas de flamantes coches oficiales que se cuentan por millares en el Gobierno Central, en los gobiernos autonómicos, en diputaciones y en ayuntamientos. O la progresiva multiplicación de empleados públicos que ya son más de 2,5 millones en todo el país. Mientras, los Gobiernos autonómicos se van apoderando en toda España de edificios emblemáticos, pagados a precio de oro.

Todo ello, pagado religiosamente por todos los españoles a través de sus impuestos.

Llevamos ya dos años de crisis económica grave. Y que yo recuerde, ninguna medida seria se ha tomado a nivel oficial para reducir el despilfarro en España.

¡Menos brindis al sol y menos“regalitos” que no arreglan nada! Menos despilfarro en gastos suntuarios ¡Ah! Y menos despilfarro de talento: el país no debe permitir que 2,6 millones de titulados no tengan un empleo a su medida.