Manuel Carreras, presidente del Círculo Ecuestre desde hace seis años, está a punto de abandonar el cargo por imperativo estatutario, que limita a un máximo de dos mandatos de tres años el cargo. La entidad que nació hace 151 años por un impulso de la sociedad civil catalana, se ha consolidado social y financieramente bajo el mando de Carreras. Posee un presupuesto anual de cuatro millones de euros de los que un tercio proviene de las cuotas de sus 1.950 socios, otro tercio está originado en la restauración y el último tercio corresponde a los apartados de banquetes y habitaciones.
De cara al futuro, las cuentas son claras: hoy el club suma un cash flow anual de 400.000 euros, pese a tener un crédito hipotecario por el que cada año paga 700.000 euros y que quedará totalmente liquidado el año 2011. De modo que los beneficios a partir de entonces serán realmente abultados, hasta el punto de que ya se piensa en el Ecuestre futuro, que podría contar con un club de tenis, un campo de golf propio o incluso una ciudad deportiva.
El club ocupa hoy una superficie de 6.000 metros cuadrados, tiene 54 empleados en nómina y puede presumir de casi doscientas corresponsalías repartidas por los cinco continentes; se trata de acuerdos con otros clubs de primer orden, por los que un socio del Ecuestre es considerado como socio del club corresponsal al que acude y una sustancial ventaja de estos pactos es que se puede dormir ya sea en el Ecuestre barcelonés, o en los más destacados clubs de Nueva York, Londres o Sidney, entre otras muchas localidades, a precios que como mínimo son un 50 por ciento más bajos que los vigentes en hoteles de similar categoría. El nivel de ocupación de la residencia del Ecuestre alcanza ya el 65 por ciento de promedio anual.
En definitiva, hoy Barcelona vende como ciudad y el Ecuestre empieza a ser una referencia a nivel internacional.
Manuel Carreras muestra su satisfacción por el hecho de que durante su mandato el club se ha abierto a los jóvenes y 400 de ellos (de menos de treinta años) se han inscrito como nuevos socios, asegurando el futuro de la institución. Hoy el ritmo de altas totales es de 70-80 al año y el de bajas de medio centenar.
El apunte
Círculo Ecuestre-Círculo de Economía
Durante una larga etapa, parecía que los destinos del Círculo de Economía y los del Círculo Ecuestre, caminaban en paralelo y acabarían por confluir en una única institución. La razón de este hecho estriba en que en el año 1987 los llamados a salvar el Ecuestre de su difícil situación, eran prácticamente todos ellos miembros del Círculo de Economía. Lo que ocurre es que a la posible unión se opuso de forma tajante Carlos Ferrer, con la no menos clara teoría de que el Círculo de Economía es una institución centrada en conceptos filosóficos y de opinión, mientras que el Ecuestre es entidad social y sin opinión. “Por tanto, que cada una vaya a su paso, sin mezclarse con la otra”, según el concepto expresado por el malogrado Carlos Ferrer.
El cuidado por no politizar al Círculo Ecuestre llega al extremo de que si un socio miembro de la junta de Gobierno, acepta un cargo público, está obligado a abandonar su puesto en la institución.
Despegue a partir de 1987
El Círculo Ecuestre atravesaba en los años ochenta por una situación de languidez, con reducción progresiva del número de socios, que llegó a ser de sólo 290. Es entonces, año 1987, cuando hubo un movimiento social encabezado por Carlos Ferrer Salat al que acompañaban entre otros, Santiago Fisas, Santiago Fradera y Carlos Güell. Se puso en marcha la revitalización del club y en la iniciativa fueron involucrados jóvenes de la época, como Higinio Raventós, Manuel Carreras y Carlos Tusquets. La solución casi milagrosa llegó de la mano de Emilio Ybarra, entonces presidente del Banco de Bilbao, que concedió un crédito de 150 millones de pesetas necesarias al Círculo para hacer frente a los vencimientos de la hipoteca hecha sobre el edificio social.

