Ante la situación actual de desaceleración económica, la clase empresarial española ha tomado cartas en el asunto, de la única forma posible: dando sus consejos al poder ejecutivo para que la economía tire adelante, aumente la competitividad y las empresas tengan un campo adecuado para desarrollarse y crear trabajo y riqueza.

El presidente de la CEOE, Gerardo Díaz, pide para hacer frente a la desaceleración actual una serie de medidas que permitan recuperar nuestro potencial de crecimiento. Propone un plan de actuación que favorezca la creación de empleo, que a la vez refuerce la capacidad de adaptación de empresas y trabajadores y que liberalice la gestión de los servicios públicos. Sugiere también un tratamiento del impuesto sobre sociedades más favorable para la reinversión que para el reparto de dividendos.

También el presidente de la patronal catalana Fomento del Trabajo ha tomado cartas en el asunto, advirtiendo del peligro de que el crecimiento ininterrumpido que hemos conocido en la economía española desde hace quince años peligre si se invierte la tendencia en el corto plazo de la creación de empleo y de cambiar el superavit presupuestario por déficit: “sin duda -añade Juan Rosell-, éstas serían dos señales de alarma que añadidas a la inflación, formarían una mezcla económica preocupante”.

Rosell, que gusta de “tocar de pies en tierra”, afirmaba en la entrega de los premios Carles Ferrer Salat que no hemos de temer la crisis y es preciso enfrentarse a ella actuando con rapidez , no dejando nada para mañana. Añadió que en tiempos de superavit presupuestario era fácil la gestión de los ingresos. “Había más ingresos que gastos y si estos últimos se desbordaban, no había problema. La pregunta es: ¿dónde está la gestión? ¿dónde aparecen las reformas para una gestión más eficiente?”. Señaló que por lo que se refiere a las reformas, se han hecho más en España que en nuestros países competidores dentro de la Unión Europea, pero todavía queda mucho por hacer. Los políticos, si la sociedad no los presiona, son poco partidarios de las reformas, porque cuestan votos; les gusta el gasto, sea correcto o no, porque da votos. Ahora, en tiempos de crisis, las reformas son imprescindibles y hay que hacerlas a medio y largo plazo, añadiendo que “dentro del modelo social europeo, la única solución es hacer reformas dentro de las grandes partidas del gasto: sanidad, educación y pensiones, junto con una auténtica reforma del propio Estado para hacerlo más ágil y menos burocrático”.

Ahora queda por ver si estas voces, junto a otras que a nivel de representación empresarial hemos escuchado estos días, tienen el eco debido en los medios políticos.