En el tema de las hipotecas, España tiene sus modestas “subprime” que están llevando de cabeza a más de un banco o caja. Resulta que en la época de vacas gordas, todo eran alegrías, mucho trasiego de operaciones inmobiliarias, compras y ventas de pisos por parte de mil nuevas tiendas de apis surgidas como setas por toda la piel de toro, y precios siempre al alza. Como en todo río revuelto, hubo sus pescadores dispuestos a aprovecharse y de paso ganar mucho dinero, parte empleando engaños, trampas y trucos fraudulentos, de los que han sido víctimas numerosos bancos y cajas repartidos por todas las comunidades autónomas.

Un ejemplo del modo de operar de estos arribistas disfrazados de agentes de la propiedad sin escrúpulos o empleados de banca desleales, todos ellos dispuestos a chupar de la gran ubre que era el negocio inmobiliario, en forma de comisiones suculentas que en el caso de los bancarios suponían un jugoso añadido al sueldo:

Un inmigrante acudía a una tienda api para adquirir un piso modesto; el agente de la propiedad estaba deseoso de realizar la operación para percibir la comisión correspondiente, pero había un problema: con su sueldo bajo ningún banco le haría al nuevo cliente una hipoteca. Con objeto de no perder la ganancia esperada, el api se las ingeniaba para encontrar a una inmigrante que estuviera en las mismas condiciones de adquirir una vivienda. Con la pareja ya formada, es decir, sumando el sueldo de uno y otra, el api acudía ufano a un banco (o caja de ahorros) donde contaba con la amistad del bancario deseal y presentaba a la pareja como una unidad de ingresos, lo que facilitaba la concesión de la hipoteca, con el cobro consiguiente de comisiones por parte del agente y del empleado. El api espabilado podía incluso repetir la operación con otro banco o caja.

Todo este proceso se ha descubierto cuando empezaron a producirse impagados. El cliente que quizá trabajaba en la construcción, ha perdido su empleo, se ha visto obligado a dejar de pagar y las entidades crediticias han descubierto estupefactas todo el pastel; ni el inmigrante conocía a la inmigrante, ni el directivo bancario aparecía ya por el banco, ni el api estaba en situación localizable, ya que se evaporó tras cerrar el tenderete sus puertas.

Sucesos como el relatado son reales, y dentro de la picaresca de las hipotecas concedidas en los años de bienes, existe una gran variedad de estrategias ideadas por gentes sin escrúpulos, que pasaron fugazmente dejando un rastro de entidades engañadas. Ahora se trata de recopilar caso por caso, e ir determinando el coste que todo este asunto va a suponer para la entidad afectada.