Una de las primeras decisiones tomada por Adolf Todó una vez aceptado el nombramiento como director general de Caixa Catalunya, es la de cambiar su residencia actual de Manresa, por otra ubicada en Barcelona, para evitar el desplazamiento diario a la capital, desde la comarca del Bages. Por lo demás, seguirá siendo el hombre sencillo de siempre, atento con todos y condescendiente con la prensa. Nacido el año 1955 en Castellbell i el Vilar (Barcelona), está considerado un brillante representante de la nueva generación de ejecutivos catalanes dotados de formación universitaria sólida, idioma inglés fluido y con el doctorado bajo el brazo de una universidad norteamericana.

Para su historia personal queda el frenesí vivido por Todó durante cuarenta y ocho horas, una vez anunciada por Josep Maria Loza su dimisión como director general de Caixa Catalunya. Fueron momentos inolvidables en los que recibió la comprensión y apoyo necesarios por parte de la familia y de su todavía presidente Valentí Roqueta. Con el anecdotario vivido en aquellos momentos, sin duda un buen guionista podría realizar una película excitante.

Todó tenía solamente 40 años cuando fue designado director general de Caixa Manresa, tras permanecer cinco años en el grupo Banco Sabadell. Desde los tiempos en que estudiaba Ciencias Económicas por la Universidad Autónoma de Barcelona, soñaba en llegar a ser algún día alumno de su ídolo en el mundo de la economía, el afamado economista estadounidense Ted Groves. Se enteró de que impartía clases en la Universidad de San Diego (California) y allí dirigió sus pasos una vez conseguida la beca del Banco de España. Logró su propósito, recibió clases de la estrella del firmamento docente norteamericano, obtuvo luego otra beca de La Caixa y tras recibir el título de doctor en Economía por aquella universidad yanqui, permaneció dos años en el país norteamericano en calidad de profesor ayudante.

Con el cargo de director general de Caixa Manresa, Todó iba acompañado por unas cuantas ideas concretas. Por ejemplo, creía en el futuro de las instituciones crediticias de tamaño mediano y pequeño, siempre que incidieran en la especialización territorial, la solvencia y el control de costes. Firme defensor de la existencia de cajas de ahorro de tamaño reducido, apoya sus argumentos en que “las cajas pequeñas hacemos las cosas razonablemente bien como para que no estemos en peligro de ser absorbidas o fusionadas por alguna entidad más grande”.

En más de una ocasión ha hablado Todó sobre el permanente tema de si sabemos o no sabemos los catalanes el oficio de banquero. Para el futuro director general de Caixa Catalunya, no es cierta esta aseveración, por cuanto “aquí hay un gran banco -decía entrevistado por “Fomento de la Producción” hace trece años-, que es el de Sabadell, con unos ratios de eficiencia extraordinarios. No es un banco grande, pero es un gran banco. En cuanto a cajas, tenemos una muy grande, pero tampoco hemos de olvidar que es el producto de la fusión de otras dos cajas y eso explica en parte su gran tamaño. Por otro lado, la manera de ser nuestra, muy nuestra en Cataluña, hace que las cajas se hayan arraigado más en las capas populares, en las economías domésticas, pequeños comercios y talleres, en empresarios autónomos y en familias ahorradoras”.