Luis Serrano, director general de Solvay para España y Portugal desde el año 2007, es un bilbaíno (de 54 años de edad) que gusta ser transparente y se muestra orgulloso porque las doce plantas que la multinacional belga posee en España, trabajan a plena capacidad y de ellas la de Torrelavega, que este año cumplirá su primer centenario, es una de las instalaciones fabriles punteras dentro de todo el grupo. Solvay es una gran compañía belga en la cual la familia apellidada Solvay posee el 30 por ciento del capital y controla el consejo de administración. El grupo cotiza en las bolsas de Nueva York y Bruselas.

Solvay opera en España en tres sectores que son los de plásticos (supone el 40 por ciento de la actividad), química (38) y farmacia (22 por ciento). Según Serrano, Solvay Ibérica advierte un proceso de desaceleración dentro del mundo industrial relacionado con la construcción, con incidencia en la división de plásticos, pero nada detecta en química, donde la multinacional obtiene productos de base aplicables a otras empresas químicas, o en farmacia.

Serrano está preocupado por dos temas que afectan negativamente al grupo en España: los precios de la energía y la evolución de la inflación. Respecto al primero, el coste de la hulla, por ejemplo, ha pasado en poco tiempo de 64 a 81 euros la tonelada. Las tarifas energéticas preocupan al director general, más que por el presente, por el futuro que se avecina; sin olvidar el tema de la calidad en el suministro energético. “Durante 2006 tuvimos nueve incidencias en la planta de Martorell que supusieron paradas en la producción. Hace falta energía barata y fiable, si no estamos condenados”, en palabras de Serrano.

Lisboa y Barcelona

En su día Barcelona y Lisboa competían dentro de Solvay para convertirse en la sede de un centro de servicios compartidos, con plantilla de 210 empleados ampliable a 280 en un plazo de doce meses. Ganó Lisboa con claridad, debido a las mayores desgravaciones fiscales asignadas por las autoridades portuguesas, a las ayudas en gastos de instalación, a la mejor colaboración con centros formativos y, lo que es más importante, a que el coste salarial en Lisboa resulta ser para Solvay la mitad que en Barcelona. Estaba claro que ganaría Lisboa ya que al tratarse de un centro intensivo en personal, el tema del costo salarial resultaba decisivo. Porque tanto en el tema de la cualifiación de los empleados, como en el de la calidad de los servicios informáticos, ambas capitales estaban igualadas.

Solvay tiene en la Península 2.000 trabajadores (1.660 en España y 400 en Portugal), de ellos 600 en Cataluña. La Región Iberia que es la que dirige Luis Serrano, avanzó el año pasado los ingresos de 660 a 720 millones y representa el 6,8 por ciento de la actividad del grupo en todo el mundo. Comprende doce empresas en España, todas de propiedad 100 por ciento de Solvay salvo Pipelife Hispania (comparte el capital al 50 por ciento con un grupo austriaco) e Inergy Automotive Systems Spain (el socio al 50 por ciento es un grupo parisino).

El apunte

Serrano, 28 años en Solvay

Luis Serrano Rubiera, director general de Solvay para España y Portugal, nació en Bilbao en 1953. Licenciado en Derecho por Deusto, ha cursado el programa Desarrollo Directivo (Iese) y el International Executive Program (Insead).

Entró a trabajar en Solvay hace 28 años (contaba 26 años de edad) y durante los trece primeros estuvo en el área de recursos humanos. En 1993 la trayectoria de Serrano da un giro y focaliza la gestión en la división comercial del sector químico, donde desde 2000 es responsable de ventas y marketing para toda Europa, con despacho en Bruselas. Entre 2003 y 2006 (cuando retorna a España) asume la responsabilidad del comercio electrónico para el grupo multinacional y la dirección de los proyectos de internet e intranet.

Luis Serrano es miembro de la junta directiva y comisión permanente de la Federación de Empresas Químicas (Feique), consejero asesor de Fomento del Trabajo y consejero de la Cámara de Comercio Belga-Luxemburguesa.