Las características actuales del mercado de trabajo europeo son un caldo de cultivo propicio para la aparición del estrés. Lo que era una reacción normal e instintiva del ser humano para poder hacer frente a situaciones peligro y garantizar su supervivencia, se ha convertido en uno de los grandes males del siglo XXI y “uno de los principales motivos de absentismo laboral”, en palabras de Oscar Garrone, psiquiatra adjunto al departamento de psiquiatría del Hospital General de Catalunya. En una sesión organizada por el Colegio de Titulados Mercantiles y Empresariales de Barcelona y Mutua General de Catalunya, Garrone recordó la distinción entre lo que sería una situación normal de estrés o “eustrés”, aquella reacción del cuerpo que nos permite adaptarnos a nuevas circunstancias del entorno, y el “distrés” o estrés patológico, en el que la persona tiene muchas dificultades para acoplarse a la nueva situación. El término estrés procede del latín “estríngere” que significa tensionar, estirar, “producir una deformación”. En una primera fase de la reacción, la de alarma, todas las facultades del organismo se movilizan, pero sin que ningún sistema orgánico quede implicado. Posteriormente, en una segunda fase, de resistencia, el cuerpo se habitúa al nuevo escenario y regresa a la situación anterior. Pero si las reacciones del cuerpo (la segregación de hormonas) persisten y éste es incapaz de recuperar la situación anterior, entra en la fase de agotamiento o estrés crónico y “se pierde capacidad para disfrutar” explica Garrone.

Síntomas

El estrés se traduce, por un lado, en síntomas físicos como morderse las uñas, dolor de cabeza o cansancio. Más graves son los efectos psicológicos como la ansiedad o la depresión y la aparición de enfermedades en el aparato locomotor (dolores de espalda), en el aparato digestivo (úlceras, sobre todo) así como la hipertensión e, incluso, patologías cardíacas (asociadas a otras patologías). Se trata, sin duda, de un cuadro cada vez más habitual en los países desarrollados que, si bien afecta a todas las capas de la sociedad, es mucho más evidente en el entorno laboral. Hasta tal punto que la Comisión Europea decidió hace unos años tomar cartas en el asunto dadas las repercusiones económicas y laborales del fenómeno, cifradas en unos 20.000 millones de euros anuales, entre gastos sanitarios y los relacionados con el absentismo, según un estudio de la Agencia para la Seguridad y Salud en el Trabajo. El mismo estudio apuntaba que el estrés afecta en la UE a algo más de 40 millones de trabajadores, lo que equivale a un 28 por ciento del total: es más frecuente entre las mujeres y origina entre el 50 y el 60 por ciento de los casos de absentismo laboral. La creciente inseguridad en el empleo, la tendencia a una reducción de costes salariales, los ajustes de plantilla, el ambiente de competitividad y las dificultades para conciliar la vida laboral con la profesional son factores que contribuyen a agravar el problema.

Junto al estrés derivado de la vida profesional, existe una gran variedad de situaciones de la vida que causan estrés. De hecho, el estrés se produce ante “todo cambio que suponga una alteración de la vida cotidiana, tanto si es un cambio positivo como negativo” según palabras de Isabel Moralo, Jefe del Servicio del Psicología del Hospital General de Catalunya. En un listado de situaciones cotidianas diseñado por los especialistas estadounidenses Holmes y Rahe para evaluar los factores potencialmente inductores del estrés, encabezaba el ranking la muerte de un progenitor o de la pareja, seguido de la prisión, un divorcio o experiencias sexuales traumáticas. Junto a estos acontecimientos negativos, también son importante fuente de estrés situaciones positivas como el matrimonio, una mudanza (a una casa mejor, generalmente) o un ascenso profesional.

Paliativos

La primera medida preventiva para evitar la aparición de estrés es, según la especialista, “aceptar el propio cuerpo como una máquina que tiene un suministro limitado de energía”, así como aprender a detectar los primeros síntomas y desarrollar estrategias que incrementen la tolerancia hacia el trastorno. Además, propone una serie de técnicas para rebajar la tensión derivada del estrés, desde practicar hobbies y aficiones a la realización cotidiana de deporte, las relaciones sociales, la risa, el canto, la meditación y 15 minutos diarios de relajación. Para Moralo, “la relajación es la actividad más natural que existe para combatir el estrés”. Basta con observar el comportamiento animal, en el que se alternan las fases de tensión con las de relajación.

Para hacer frente al estrés en el entorno laboral, también hace una serie de propuestas, que van desde saber decir NO en los momentos que así lo requieran (“solo con esto ya tendríamos mucho ganado”, arguye), hasta asumir los retos como secuencias de pequeños pasos, tomar decisiones siguiendo un proceso lógico y, una vez adoptadas, asumirlas como buenas y no darle más vueltas, compartir con los demás nuestras emociones y sentimientos, evitar la desorganización, comer de modo equilibrado y reposar adecuadamente.

El apunte

Desencadenantes de estrés profesional

Un alto grado de responsabilidad en el trabajo
Sobrecarga o falta de trabajo
La necesidad de elevada concentración y/o dificultad
Funciones contradictorias
La exigencia de toma de decisiones complejas
Jornadas largas y/o cambiantes (turnos, reducciones o ampliaciones de horario…)
Un ritmo de trabajo apresurado
Actividades laborales múltiples
Falta de una descripción clara del trabajo
Falta de apoyo, motivación, reconocimiento
Falta de comunicación
Estancamiento profesional
Exposición a prejuicios, violencia, amenazas o intimidación
Un entorno ambiental inadecuado (ruidos, estrechez, problemas ergonómicos…)