Toda su carrera ha girado en torno a la iluminación técnica y a las empresas alemanas. Ingeniero industrial y MBA por Esade, entró con 23 años en la hispano-alemana Luminarias Fluorescentes, comprada en los setenta por Philips. Allí se dio cuenta, por un lado, que los impuestos relacionados con la importación de componentes encarecían mucho los productos y, por otro, que la industria requería piezas de una calidad que aquí no hallaba. Así fue como, junto al gerente de la empresa, Pedro Ketelsen, decidieron superar estos escollos y en 1977 abrieron BJB Procesa para producir portalámparas, clemas de conexión y otros accesorios. La entrada en el mercado común en 1986 y la supresión de aranceles cambiaron las reglas de juego del mercado y BJB supo adaptarse, dejando poco a poco la producción y primando la venta de unos artículos que por peso y volumen viajan sin problemas desde la central de BJB en Arsnberg.

Tras 40 años de contacto con alemanes, “mis amigos dicen que soy medio alemán”, explica Bruned, porque en él aprecian “valores como el rigor, la disciplina, la honestidad y el compromiso”, que él mismo aprecia en su equipo. Gran amante de la lógica, sacaba matrículas de honor en matemáticas, “con los alemanes me siento muy orientado, sé donde están las líneas a seguir y donde los límites” Pero con el paso de los años ha aprendido también los inconvenientes de “ser cuadriculado” y la necesidad de cierta flexibilidad y tolerancia. Por eso, afronta la actual era de globalización y deslocalización con optimismo y afirma que “la justificación de las empresas europeas está en la innovación y en la automatización” y en llevar a países como China los procesos de mano de obra extensiva. De hecho, BJB inauguró en septiembre una planta en el gigante asiático. Para él, “la vida es evolución y el secreto está en saberse adaptar a los cambios para que los cambios no te arrastren”.

Con una plantilla de 42 personas, 17 de ellas trabajan en un taller de moldes y matrices de gran precisión al servicio de la central pero también de terceros. Además, es líder en pilotos de luz para hornos domésticos (trabaja para las principales marcas: Balay, Bosch, Teka, Fagor…), produce portalámparas para neveras y distribuye instalaciones para el cableado de pequeño material eléctrico. Su compromiso empresarial se extiende también a Anfalum, la asociación española del sector, de la que es vicepresidente, y a Celma, la federación europea. De ahí su agenda desbordada, que le obliga a viajar a menudo y que la edad empieza a acusar. Todo ello se completa con su entusiasta dedicación a la Fundación Autismo Mas Casadevall, en la que lucha para la mejora del diagnóstico y el tratamiento de las personas con autismo y en la que se vuelca con el mismo rigor y exigencia con el que afronta el trabajo.

Sus proyectos con la fundación y la falta de tiempo para sus aficiones le acercan con ilusión la jubilación, “mi futuro”, puntualiza, que debe negociar la próxima primavera: “los alemanes no quieren que me vaya”, dados los buenos resultados de estos casi 30 años de vida de BJB. En 2004 facturó 10,5 millones de euros, entre un 3% y un 4% más que en 2003. Por su parte, Jung Electro Ibérica, de la que BJB posee un 49%, giró 8,5 millones, con un alza acumulada en seis años del 20%. “Continuaré, pero pactando el cómo y el cuánto”, pues le gustaría disfrutar de lo que él define “más que un hobby una obsesión”, la ópera. Se declara richardstraussiano, aunque ahora está descubriendo la fuerza de Wagner y no se pierde los estrenos del Liceu. En cuanto al relevo, cree que su hijo Joaquín está preparado para tomarlo. Trabajan juntos desde hace tres años. Antes, ha pasado dos años en la matriz germana, otro en Inglaterra y ha trabajado para la firma de iluminación Troll.