Grupo Estampaciones Sabadell mejora las perspectivas tras sufrir pérdidas de cinco millones de euros en 2003, pues al año siguiente logró ganancias de 0,9 millones. De todas formas, no tiene delante de sí un camino precisamente de rosas, arrastra la suspensión de pagos de Essa Palau (entonces denominada Futyma) cuyo convenio de acreedores fue aprobado hace nueve años y ahora las circunstancias de la industria del automóvil no son en absoluto las más favorables. El grupo tiene hipotecados terrenos, plantas de producción y hasta maquinaria.
Por otro lado, la auditoría de cuentas repite salvedades como ya ocurría un año antes, incluyendo la novedad de que el grupo mantiene cuentas a cobrar a largo plazo con sociedades vinculadas a los accionistas por importe de 7,4 millones de euros, sin poder evaluar la recuperabilidad de este saldo. Señala también la auditoría que Essa Palau ha vendido en 2005 las fincas y naves donde efectúa su actividad y esta operación ha permitido cancelar parte de su deuda financiera; señala al respecto el auditor que en estas circunstancias la recuperabilidad de los activos y la liquidación de los pasivos dependerán del éxito de la implantación del resto de medidas adoptadas y de la rentabilidad de los nuevos productos. Otra advertencia del auditor hace referencia a los costes de puesta en marcha de nuevas piezas de fabricación, que con principios de contabilidad adecuados aumentarían las pérdidas de ejercicios anteriores en 4,1 millones y reduciría en 0,7 millones la dotación a la amortización del inmovilizado.
Grupo Estampaciones Sabadell fabrica piezas estampadas y embutidas para el sector del automóvil y actúa también en el campo de la soldadura y ensamblajes. El año pasado aumentó los ingresos de 136 a 166 millones (en 2002 el giro había sido de 164 millones). Las principales filiales son Essa Palau, Essa Polinyà y la checa Essa Czech. La primera de las citadas compañías ha vendido en abril de 2005 los terrenos y las naves de Palau-solitá i Plegamans y Polinyà donde trabaja, a la vez que ha firmado un contrato de arrendamiento para seguir la actividad en las mismas instalaciones.
El grupo comprende una plantilla de 971 empleados (eran 1.015 un año antes). El año pasado las exportaciones bajaron de 31 a 24 millones, mientras que las ventas en el mercado español se dispararon de 105 a 142 millones de euros. El control del capital corresponde a Jaime Bonet y la empresa es una de las pocas con capital español dentro de su sector.

