El agua libre de sodio de Nafree ha revolucionado, para bien, la vida de Miquel Huguet. Hace cinco años, este economista barcelonés vio que en el mercado de la alimentación infantil no todo estaba vendido y pensó que proveer a los padres de un agua que mezclada con leche ofreciera al lactante una alimentación lo más sana posible, libre de minerales u otras alteraciones, era una idea de negocio con futuro. Y lo ha conseguido. Después de patentar su fórmula en todo el mundo, Huguet constituyó Agua Nafree en mayo de 2000 y desarrolló procesos para obtener agua recomendada para el uso de lactantes y para dietas de personas con problemas de salud. Hoy, Nafree ya es un referente en su sector, vende más de un millón de tetrabricks que se distribuyen en países como España, Portugal, Reino Unido, Turquía y los Emiratos Árabes y espera aumentar esta cifra y multiplicarla por tres durante este año.

Más allá de los éxitos y los números, cuando Miquel Huguet repasa la todavía corta vida de Nafree no deja de mostrar su más sincero asombro. Y no es precisamente porque considere que su empresa no merezca la posición que ha alcanzado, ser recomendada por los pediatras o tener un espacio destacado en las grandes superficies. Al contrario, Huguet insiste que la suya es, de momento, una historia de éxito gracias al apoyo “espectacular” que le ha brindado mucha gente que ha arriesgado por él y por su idea. “Antes era un total desconocido pero he logrado que confíen en mí”, dice con un sentimiento de humildad y agradecimiento, en alusión a los Molins Gil, que a través del fondo de capital riesgo Cartera de Inversiones CM tomaron el veinte por ciento de la compañía a mediados de 2003 y se han convertido en el motor financiero de la internacionalización y diversificación de la compañía. Huguet también tiene palabras para el Cidem, organismo dependiente de la Generalitat, la sociedad de garantía recíproca Avalis y para el Ministerio de Industria, a través de Enisa y el Icex. “Todos han apostado por mí”, dice Huguet, que podría ser el protagonista perfecto de una campaña institucional para promover los instrumentos que tiene la Administración para ayudar al emprendedor. “Si lo aprovechas, te lo dan todo”, añade este empresario, que se confiesa un auténtico apasionado de la historia medieval.

Mientras a Nafree le rondan “nuevos novios financieros” que quizá ya han llegado tarde y han perdido su oportunidad, Huguet asegura haber aprovechado la suya porque Nafree le ha permitido capitalizar su experiencia, pasar de ser directivo a emprendedor y seguir pensando en nuevos proyectos. Antes de constituir Nafree, en el curriculum de Miquel Huguet figuran nueve años en una compañía farmacéutica de Rubí, tres años en el sector del gran consumo, otros tres como director de márketing de Revlon en Barcelona, la dirección de la división de productos de venta libre de Madaus y la dirección general de Milchwerte Westfalen, la empresa de alimentación infantil más grande de Alemania. La última etapa antes de emprender su aventura en solitario le descubrió muchos de los entresijos de este sector, además de obligarle a defenderse con el alemán.

Miquel Huguet desconoce qué le depara el futuro, pero lo espera con expectación. “Un día en mi vida es de vértigo”, reconoce. Para estar preparado por lo que pueda ocurrir, Huguet se mantiene en forma y no falla nunca a su cita con el agua y no, precisamente, la que fabrica su empresa. Nada a diario entre mil y mil quinientos metros. “Cuando te lanzas, no puedes parar”, concluye. Lo mismo le pasa con los negocios. Su idea es instalar una planta en Cataluña —ahora tiene una alianza con un fabricante de Murcia— e iniciar un nuevo proyecto en el mundo del cátering.