El consejo de administración de Caixa Catalunya ha elegido como presidente a Narcís Serra, que de largo es el consejero con currículum más brillante y también quien por su relieve profesional y perfil humano, puede desempeñar con mayor éxito la misión encomendada al frente de la institución. Recordemos que de acuerdo con la ley catalana y con los propios estatutos sociales de la caja catalana, la misión del presidente se centra en presidir los órganos de gobierno y en representar a la entidad ante las instituciones. Lo dejó claro el nuevo presidente: “Creo estar preparado para acometer la trayectoria de independencia política o de despolitización que considero imprescindible para presidir esta caja, a la que vengo para presidirla, no para hacer política. Quien piense en una presidencia ejecutiva, se equivoca”. Para añadir a renglón seguido que “la evolución de una caja de ahorros depende del buen entendimiento entre los equipos humanos que trabajan en ella y el equipo directivo y muy especialmente, funcionará bien si hay buena sintonía y cooperación estrecha entre el presidente y la dirección. Yo llego a la presidencia con la convicción de que este tema está resuelto en casa nuestra. Inicio con el director general una etapa de trabajo y de responsabilidad conjunta al frente de la institución”.
De acuerdo con su trayectoria profesional, soy de los convencidos de que Serra es un ciudadano catalán que acumula experiencia y méritos suficientes para acometer con éxito la nueva responsabilidad contraida. Ha desarrollado una larga etapa política y ahora, según ha afirmado él mismo, le toca vivir como miembro de la sociedad civil catalana. Licenciado en Ciencias Económicas a los 22 años, en 1965 ingresa en la Cámara de Comercio de Barcelona para dirigir la sección de estadística, a los 27 y durante dos años estudia en la London School of Economics, a los 30 se doctora en la Universidad Autónoma de Barcelona con la calificación de sobresaliente cum laude y es nombrado profesor ayudante de la facultad en la que se licenció. En pleno franquismo había montado un gabinete de estudios junto con otro futuro político destacado, Miquel Roca, despacho que fue encargado por Pere Durán Farell para redactar el Plan de la Ribera, embrión de lo que sería la remodelación de aquel barrio barcelonés en la década de los años noventa. Fue consejero de Política Territorial y Obras Públicas en la Generalitat, alcalde de Barcelona entre 1979 y 1982, ministro de Defensa durante nueve años, diputado por Barcelona en cinco legislaturas y vicepresidente del Gobierno durante un cuatrienio. Como presidente de la Fundación Cidob Serra trajo a Barcelona el año pasado con motivo del Fòrum 2004 a destacados protagonistas de la nueva Europa.

