Miquel Roca, tras una prolífica trayectoria política en Convergència Democràtica de Catalunya, formación en la que entró desde su nacimiento, en 1974, y que le permitió participar en la política nacional como diputado y ponente de la Constitución de 1978, lleva varios años volcado activamente a su profesión de abogado, tarea que dejó a un lado cuando abandonó el gabinete jurídico-económico creado junto a Narcís Serra y que funcionó hasta 1977. Ahora, desde su propio bufete (Roca Junyent Abogados) está presente, siempre como secretario, en los consejos de entidades como Banco de Sabadell, Abertis Infraestructuras, Typsa, Idiada Automotive Technology y Alazor Inversiones. Sólo se ha saltado esa norma en ACS, la constructora presidida por Florentino Pérez, donde es consejero “por razones personales”. Pero su presencia pública ha ido más allá. En el terreno cívico, además de sus clases como profesor asociado en la Universitat Pompeu Fabra, destaca su reciente presidencia en la Societat Econòmica Barcelonesa d’Amics del País, una de las entidades fundadoras de La Caixa, que quiere revitalizar su peso en la vida social. Pero además, Roca preside la Fundación Abertis, es el Defensor del Asegurado del Grupo Catalana Occidente y ha pasado por organismos como la Comisión Aldama, que elaboró una serie de recomendaciones para el buen gobierno, el Consejo Social de la Universidad Politécnica de Catalunya y el Consejo para el debate sobre el futuro de la Unión Europea, por citar sólo algunos.

¿Qué objetivos tiene al frente de la Societat Econòmica Barcelonesa d’Amics del País?
En estos momentos, Cataluña y el conjunto de España necesitan de entidades de esta naturaleza, que se dediquen a apoyar, criticar, proponer acciones, actividades e iniciativas al margen de la acción política. Si tenemos una entidad de esta naturaleza tan antigua y arraigada en la historia del país —ya tuvo un papel muy importante en la revolución industrial de Cataluña de finales del siglo XIX y principios del XX— vale la pena potenciarla. Y es lo que hacemos. Estamos constituyendo comisiones, una de ellas es el Círculo Financiero, pero también están las de Economía —de la que es presidente Xavier Sala—, Cultura, Estudios Fiscales, Investigación… Estamos generando un cuerpo de actuaciones para formular un balance anual que recoja la reflexión que nuestra sociedad económica propone al conjunto de la ciudadanía como ideas básicas. Queremos potenciar un instrumento de reflexión, debate y propuesta en nuestra sociedad.
Se habla mucho de la sociedad civil catalana, pero parece que cada vez tiene menos peso.
Ahora estamos en el renacer de esa influencia. Durante unos años, la política lo ha invadido todo. Con la llegada de la democracia se politizan todas las actividades. A medida que se normaliza la situación democrática, la sociedad civil recupera su papel, renace la necesidad de esa función. Hoy el movimiento asociativo está redefiniéndose, ha de ser más dinámico.
Ese asociacionismo civil no tiene una correspondencia en el mundo empresarial catalán, poco dado a integraciones.
Puede ser que en Cataluña, al estar la economía vinculada al sector industrial, éste ha constituido con el tiempo un cierto lastre. No obstante, la economía productiva, que está en la base del crecimiento español, descansa en el tejido industrial catalán.
¿Y cómo ve ese tejido industrial catalán, que parece aquejado de graves obstáculos?
No conseguirá que yo sea pesimista. Soy de los que piensan que hay un gran futuro por delante en el campo industrial, pero ahora estamos sufriendo una crisis industrial. La adaptación a una etapa más tecnológica, post-industrial nos costará algún tiempo para asimilarla, pero estamos en mejores condiciones que cuando sufrimos la crisis de la reconversión industrial, hace veinte años. Ahora estamos mucho mejor preparados.
¿Qué problemas resaltaría del mundo de la empresa?
El conjunto de las empresas europeas y españolas, no sólo las catalanas, tienen un problema que es, fundamentalmente, el reto de la globalización, cómo adaptarse a un mercado globalizado y seguir siendo competitivos. Aquellas economías más industriales sufren más este problema, por una cuestión de costes, pero el gran reto de la economía española es la globalización, con todo lo que lleva consigo. Hay que hacer un esfuerzo de investigación y de innovación y esto representa el reto de la formación. Además, necesitamos una política de infraestructuras que facilite la distribución logística… todo esto es un encadenamiento que afecta a todas las empresas. Y en algún campo estamos mejor que los franceses. Nuestra gran asignatura pendiente es la investigación, pero sin una política de fuerte apoyo público no es posible aprobarla. Algo nos debe pasar para que siempre sea una asignatura pendiente. Es nuestro gran fracaso.
Usted presidió el Consejo Social de la Universidad Politécnica, donde se colabora con empresas en proyectos de investigación. ¿Puede ser la respuesta a ese fracaso?
Sí, pero todo esto se ha llevado a cabo sin una legislación que lo favoreciese y con el contrasentido de que una universidad que sea capaz de generar más colaboración con la empresa y tener más ingresos derivados de convenios de investigación, puede encontrarse que, como premio, reciba menos dinero del Estado o de las Administraciones Públicas. Es un contrasentido.
Ahora que se habla tanto de la deslocalización, ¿la ve como una amenaza?
Al hablar de este tema hay que pensar que España se benefició de la deslocalización del norte y el centro de Europa, por lo que ahora no nos puede sorprender que seamos los tributarios de la deslocalización. Además, esa situación no hizo que los países del centro y norte de Europa fueran menos ricos que nosotros. Lo que pasó fue que se produjo un cambio de la masa laboral, pasó de la industria a los servicios. España también tiene que aprender a llevar a cabo ese esfuerzo. Esto va acompañado de una política de formación muy pensada para la recolocación de la mano de obra que puede quedar excedentaria del sector industrial, para que pueda acomodarse en sectores de servicios u otro tipo de industrias más tecnológicas. Pero esto es crecimiento, no nos deberían atormentar las consecuencias de la deslocalización si estuviésemos internamente preparados. No carguemos a la globalización la responsabilidad de decisiones que nosotros no hemos tomado en su momento.
Tras las últimas ofertas de la banca española en el mercado europeo (BBVA sobre la italiana BNL y Santander tras cerrar la compra del británico Abbey), ¿cómo valora al sector bancario español?
La globalización también es financiera y esto lo han aprendido, primero, los consumidores financieros y, después, las propias entidades bancarias, que saben que tienen que traspasar sus propias fronteras. Hay una permeabilidad que debe aceptarse como un hecho normal, sin precipitarse. No tiene que haber una carrera alocada para ganar posiciones en el extranjero. Si surge la ocasión, sí, de otro modo puede ser muy poco rentable para los accionistas. Hay que hacerlo con prudencia, pero no hay que renunciar a hacerlo. Que conste que los servicios financieros en España son de muy buena calidad y a los bancos extranjeros les está costando entrar en España mientras que los españoles son competitivos fuera. Hay un buen management bancario en España y eso es positivo.
Pero luego se dan casos de proteccionismo como estamos viendo ahora en Italia…
Cuesta mucho que los gobiernos, más que los particulares, se acostumbren a aceptar que las entidades financieras extranjeras puedan captar parte del ahorro en el propio país; les da la sensación de perder un cierto control. En Italia ahora hay una resistencia más pública y política que privada, los empresarios italianos no se oponen, lo ven normal.
En el terreno industrial las cajas han tomado un nuevo protagonismo en detrimento de los bancos, ¿considera que es positivo?
Si no lo hicieran, se lo echarían en cara. Una de las funciones de las cajas y del sistema financiero es facilitar el crecimiento y desarrollo de las industrias más avanzadas. Y si en vez de financiarlo, corren el riesgo de ser accionistas, están ayudando al crecimiento económico español y no voy a criticar en modo alguno este papel que las cajas están asumiendo al entrar en empresas punteras, energéticas o de telecomunicaciones. Me parece una política industrial muy responsable, porque la financiación más barata y social es la suscripción de capital.
Pero también se les critica que sólo entran en grandes empresas y no en otras medianas que igual tienen una mayor necesidad financiera.
No parece que las cajas tengan que particpar en el accionariado de empresas pequeñas, porque sería entrar en negocios que no les corresponden. La inversión en sociedades punteras plantea si es mejor que el capital lo tengan las cajas o esté en manos de sociedades de inversión estadounidenses. No sé por qué puede ser mejor lo segundo.
Sobre las cajas también pesa la sombra de la politización.
Aquí hay mucho tópico. Las cajas, en su conjunto, no pueden objetivamente ser vistas como instrumentos politizados, al menos no se puede aplicar en las más importantes, cuyas decisiones descansan hoy en decisiones empresariales o de valor, y no en criterios políticos. Las cajas y sus directivos están actuando con criterios de absoluta independencia.
Ahora tiene a un amigo y antiguo compañero, Narcís Serra, al frente de Caixa Catalunya.
Creo que lo hará muy bien y le deseo mucha suerte. Aquí se plantea: ¿puede un expolítico ser presidente de una caja? Por el hecho de ser simplemente expolítico, no. Pero si es un economista, profesor titulado, con un conocimiento internacional de las áreas económicas y con un prestigio indudable, me parece que sí. Considero un absurdo que la política, donde cuando se llega ya es una renuncia importante, además inhabilite para determinadas actuaciones posteriores. A mí me parece que no. De hecho, en su caso se ha dicho con la boca muy pequeña que puede haber politización, porque se sabe que no se puede sostener. Me parece que la designación es correcta y no la voy a criticar, y no por amistad, sino porque me parece que reúne condiciones para serlo (presidente de Caixa Catalunya).
Curiosamente su nombre también ha sonado para presidir otra entidad, La Caixa.
Digo en broma que, a través de los medios, menos cardenal primado parece que me lo han propuesto todo. En todo caso, jamás fui candidato a la presidencia de La Caixa, ni jamás nadie me lo planteó, ni me lo han planteado. Soy un abogado, trabajo como tal y tengo mi despacho. Aquí es donde quiero realizar lo que me quede de futuro. Por eso siempre he tenido mucha prevención en aceptar cualquier cargo que no sea derivado o vinculado a mi profesión de abogado.
¿Y por qué sale en todas las quinielas, por su preparación, por sus contactos…?
Mejor hable de amistades, la palabra contactos es un poco degradante. Tengo buenas amistades porque me gusta ser amigo de mucha gente y durante el tiempo que estuve en política me la tomé pensando que mis adversarios eran eso, adversarios, y no contrincantes o enemigos. Siempre he defendido que no valía la pena estar en política si el precio era perder la amistad. Me he enfrentado en campañas con Narcís Serra y eso no ha impedido que continuemos siendo amigos. La amistad no puede estar reñida con la adscripción política.
Muchos conflictos empresariales de los últimos años han acabado acudiendo a usted, ¿por amistad?
La amistad nunca es suficiente para cubrir la incapacidad. Yo estoy muy agradecido a mucha gente que ha confiado en el despacho, empezando por mis propios socios, pero si no lo hiciésemos bien no seguirían con nosotros. Sin buenos equipos, consistentes y preparados, la amistad sirve para que te inviten a cenar, y nada más. Sin esa preparación este despacho no crecería lo que lo ha hecho en los nueve años que lleva funcionando.
¿Y dónde está la clave para crecer un 30% en 2004 y facturar ya 23,8 millones de euros?
En trabajar mucho y bien, y, aunque esto no les gusta a mis socios que lo diga, también hemos tenido suerte. Hemos ganado la confianza de nuestros clientes y ahora tenemos abiertos diez mil expedientes. Estamos ofreciendo un gran servicio, con un gran entusiasmo, con equipos preparados, jóvenes y competentes. Hemos conseguido imprimir un estilo, nos dejamos la piel en el servicio personalizado. El cliente sabe que siempre encuentra al titular con el que se ha entendido. Somos muy proactivos, si el cliente se retrasa 24 horas en facilitarnos una documentación se la pedimos nosotros, y esto genera confianza. En algún ránking hemos salido como un bufete poco rentable, porque tenía un alto ratio de personas por ingresos; esto ha mejorado, pero era verdad, porque la preocupación es que el cliente se sienta muy asistido, éste es el éxito de nuestro despacho. Hemos sabido mantener un estilo de calidad muy pegado a los intereses de los clientes.
Y ahora está creciendo mucho en Madrid.
Un despacho que lleva mi nombre tiene mayores posibilidades de penetración en una sociedad en la que nos conocemos muy bien, como la de Barcelona, que en Madrid. Por eso, allí tuvimos una fase de instalación con un crecimiento más lento, pero en los últimos dos años el aumento ha sido muy importante, nos está funcionando muy bien. Ahora no es sólo Barcelona lo que va bien, también Madrid, Palma, Girona, nuestra asociación con Argentina y con Lleida. Yo nunca estoy tranquilo, la gente que me conoce lo sabe, pero estoy más confiado porque ya hemos alcanzado la dimensión que nos genera estabilidad. Puede haber un año que sea malo, pero ya tenemos estabilidad. Cada año, y desde el principio ha sido así, nos fijamos un presupuesto orientativo de subir entre un diez y un doce por ciento y el primer trimestre de este año ya vamos por encima, aunque repito, yo nunca estoy tranquilo, voy dando vueltas como un ventilador de un lado para otro, pero el despacho sigue creciendo.
Como participante de Informe Aldama, ¿cree que resulta útil?
Aquí hay que distinguir entre el corto y largo plazo. A largo plazo el buen gobierno debe imponerse y es un principio fundamental de transparencia y seguridad jurídica. A corto y medio plazo, se ha de hacer con mucha prudencia, aplicar las medidas pero sin llegar a constituirse en rigideces formales. Hay mucho de liturgia formal en algunas de estas cosas, por lo tanto, creo que a largo plazo es imbatible, pero de ahí a hacer un registro de consejeros independientes, me parece del género cursi. El sistema no nos funcionaba tan mal. Se han producido avances, como los reglamentos de las juntas, los del consejo de administración , la creación de comisiones, ha sido muy importante la página web, pero de esto a algunas disposiciones en las que se obliga a los consejeros a desvelar qué cuñados tienen, hay una gran distancia. Nuestro sistema jurídico descansa no en las normas concretas sino en los grandes principios inspiradores del sistema y sustituir el principio de la buena fe es complicado. Una sociedad garantista, requiere garantías, pero no nos pasemos.