Las cifras hablan por sí solas. Si en 1993 la facturación de la constructora Copcisa, sin incluir a las filiales, se elevaba a 34 millones de euros, en 2003 ascendía a 224 millones y el año pasado, marcado por la moderación, se situó sobre los 230 millones. Su despegue coincide con el fichaje del ingeniero de caminos Pedro Maqueda de Anta como director general de la compañía. A partir de entonces, el crecimiento se ha basado, por un lado, en la extensión de su ámbito geográfico de actuación, hasta entonces restringido al área metropolitana de Barcelona. Con Maqueda al frente, los horizontes se han ampliado al conjunto de España. Prueba de ello fue la apertura de una delegación en Madrid, en 1995, para centralizar las gestiones relacionadas con las obras que se contratan fuera de Cataluña. Por otro lado, en el progreso de la compañía ha sido básica la diversificación de actividades. Hace dos años, Copcisa entró en el ámbito de las concesiones, con la construcción, explotación y mantenimiento del canal de regadío Segarra-Garrigues, proyecto compartido por varias empresas debido a su envergadura: prevé una inversión en infraestructuras de más de mil millones de euros en el plazo de diez años y la explotación de la red durante treinta años.

En 2003 dio un paso más en este campo con la adjudicación del proyecto de construcción y explotación de un tramo de veinte kilómetros de la carretera C-16, entre Berga y Puig-Reig. Además de apostar por este nuevo modelo constructivo, Copcisa quiere consolidar su modelo de integración vertical de la empresa; a diferencia de las grandes constructoras, convertidas en gestoras que basan su actividad en la subcontratación, Copcisa aporta como rasgo diferencial un valioso patrimonio de recursos propios, que van desde maquinaria a materiales como hormigones y asfaltos, a través de filiales como Pabasa (en pavimentos asfálticos) u Hormiconsa (en hormigón), “de modo que si se produce cualquier tipo de necesidad de suministro seamos capaces de cubrirla”, explican fuentes de la compañía. Eso sí, “nuestra voluntad es que estas empresas suministren a la corporación como máximo un veinte por ciento de su producción” y, por tanto, su dependencia del grupo sea mínima. Una asignatura pendiente en el campo de los materiales es el abastecimiento de áridos, actividad en la que, por el momento, no han logrado operaciones relevantes.

La aportación de recursos propios le ha facilitado la adjudicación, por medio de una Unión Temporal de Empresas (UTE), del proyecto del Túnel de Pajares, en el AVE asturiano, un proyecto del GIF presupuestado en más de 220 millones de euros. Copcisa lidera el proyecto y aporta su experiencia de trabajo con una tuneladora de grandes dimensiones, como la empleada en la línea 9 del Metro de Barcelona, obra en la que también participa con diversas actuaciones por valor de casi 189 millones de euros. Diversos tramos del AVE, una variante en Albacete, la tercera pista y la nueva terminal del Aeropuerto del Prat, la ampliación de Fira Barcelona, la nueva bocana del puerto barcelonés y el Golf del Prat, en Terrassa, son algunos de sus proyectos más recientes, a los que hay que sumar los trabajos de readecuación del recinto del Fòrum 2004 para su uso futuro.

Si bien la construcción es el alma mater de la compañía, con la diversificación ha constituido una corporación de sociedades que, a las ya mencionadas de materiales de construcción y concesiones, deben sumarse una promotora inmobiliaria, gasolineras, una empresa de montajes eléctricos, otra de componentes de fibra óptica, una de medio ambiente, diversas eléctricas y hasta una embotelladora de aguas minerales. Su incorporación más reciente es Iberovías, una empresa del sector ferroviario. De momento es poco más que “una ilusión”. En el futuro, espera abarcar toda la cadena productiva y hacer sombra a las grandes compañías del ramo.

Fusión improbable

En alguna ocasión, las constructoras catalanas han recibido la sugerencia de fusionarse entre ellas para adquirir una mayor masa crítica y alcanzar una dimensión suficiente para competir junto a los grandes grupos nacionales. Sin embargo, Copcisa valora esta posibilidad como “algo francamente complicado por la particular manera de ser y de trabajar de las constructoras catalanas”. Por otro lado, la propiedad de esta constructora, fundada en Terrassa hace casi cuarenta años, “no tiene ninguna intención de vender”. Curiosamente, la empresa tiene sus orígenes en unas tierras agrícolas que apenas daban rendimiento a su propietario. Con la ayuda de un tractor, empezó a efectuar movimientos de tierras y, posteriormente, a levantar urbanizaciones en ese terreno improductivo. De ahí saltó a las carreteras y a la obra civil.

Con su esfuerzo, Copcisa se ha convertido en una de las tres mayores constructoras de capital catalán, junto a Copisa y a Comsa, y en los últimos años ha mejorado notablemente su posición en el ránking de constructoras españolas. Ahora, aspira a consolidarse en el mercado nacional antes de plantearse dar el salto internacional. Además, afronta un nuevo reto: preparar el relevo generacional que ha de garantizar su continuidad.

El apunte

Reciclado de pavimentos

Copcisa ha participado en un ambicioso proyecto comunitario de reciclado de pavimentos que propone nuevas fórmulas de rehabilitación y mantenimiento del firme. Su objetivo: hallar técnicas que requieran el mínimo consumo de recursos naturales y, al mismo tiempo, minimicen los residuos. El proyecto se llama Paramix y está cofinanciado al 50 por ciento entre la UE y el consorcio que constituye el proyecto; junto a Copcisa, que también ha realizado funciones de coordinador, participan la UPC, GISA, Applus+ y organismos italianos, alemanes, suecos y belgas. La iniciativa incluye pruebas de rehabilitación de los pavimentos en frío (in situ) y en caliente (en planta), el desarrollo de nuevos ligantes bituminosos, emulsiones y maquinaria apta para los nuevos procesos y la rehabilitación de tramos experimentales.

El influjo electoral y el Carmel

El calendario electoral influye claramente en la cartera de las constructoras. Así, el primer año se dedica al análisis y decisión de proyectos, el segundo se invierte en la licitación y durante los dos últimos se ejecutan las obras. Las elecciones autonómicas catalanas de finales de 2003 comportaron una evidente ralentización del ritmo de licitación de las obras públicas. Por un lado, porque el anterior gobierno, según Copcisa, “licitó mucho más de lo que podía económicamente, ya que ha comprometido los presupuestos de los próximos años”. Por eso, mientras el año 2003 fue muy generoso en el volumen de contratación, el año 2004 fue, por el contrario, extremadamente austero. Por otro lado, el acceso al poder del Gobierno tripartito ha variado un sinfín de dinámicas y actuaciones que en algunos casos se practicaban desde hacía más de 20 años, ha revisado la prioridad de los proyectos y ha retrasado la puesta en marcha de algunas actuaciones. Además, el escándalo derivado del socavón en las obras del metro a su paso por el Carmel alterará un sinfín de proyectos de GISA, el principal licitador público catalán. También el cambio de color del Gobierno central ha traído “cambios en la prioridad de ciertas dinámicas”.