Creció entre los dulces olores de barquillos recién horneados en la pequeña empresa familiar que dirigía su padre. Francesc Sosa es el mayor de tres hermanos de una familia de emprendedores de los años sesenta. Por aquellos tiempos, su abuelo se trasladó a la zona del Vallès Oriental y junto a su padre empezaron a elaborar, como una actividad distinta al comercio de comestibles que regentaban, neules (barquillos) artesanos durante la Navidad. El producto tuvo mucho éxito y las ventas en la comarca no paraban de crecer. Decidieron entonces lanzarse a la aventura de fundar la empresa Comercial Artesana Sosa y se trasladaron desde la trastienda a una antigua fábrica textil del municipio de Castellterçol (Vallès Oriental), donde aún continúan.

Los tiempos cambian y las nuevas generaciones han llegado a la empresa con nuevas ideas para aportar dinamismo e ilusión al negocio familiar. Todos los hermanos Sosa trabajan en la sociedad y Francesc Sosa, que se ocupa de la dirección, es quien lleva el timón. Sabe que es muy importante no perder la bandera familiar del grupo. “Cada uno de los hermanos ocupa el cargo que más le gusta, con el que se siente más identificado y donde se puede desarrollar mejor”, explica. A pesar de que la competencia es fuerte, han sabido posicionarse y formar un gran equipo; elaboran al año cuarenta millones de neules, que supone el setenta por ciento de la cantidad que fabrica el sector.

La empresa, que inicialmente elaboraba y comercializaba artesanalmente barquillos y galletas para helados, en los últimos años ha ampliado sus servicios. Con el prestigio acumulado y las buenas relaciones conseguidas, descubrió que los activos intangibles que tenía eran de enorme valor si sabía aprovecharlos. El cambio llegó hace cinco años cuando empezó a vender ingredientes para la industria alimentaria de alta gama, una idea que surgió de sus conocimientos en el sector.

Aunque Francesc Sosa, no estudió para ser empresario, él es filósofo, ha conseguido entender la compañía desde un punto de vista cultural y lanzarla a un nuevo mercado. “La empresa no es sólo números, también es una ideología y una orientación cultural”, señala. Busca desmarcarse de los vendedores comunes y, por ello, también ofrece un servicio de consultoría o asesoramiento de sabores a sus clientes.

A Francesc Sosa le entusiasma conocer lugares nuevos y se dedica a viajar durante tres meses al año por el mundo. “Pretendo encontrar los mejores ingredientes para la gente que valora los componentes alimentarios; de esta manera la alta gastronomía está recuperando los sabores que había perdido”, afirma. La empresa se considera una vendedora atípica porque no comercializa ningún producto que no vaya acompañado de la información para utilizarlo. Sus clientes reciben más de quinientas recetas de cocina para postres cuando contactan con ella. Este sibarita de la gastronomía ha logrado que sus ingredientes se cocinen en los fogones de los altos chefs españoles, como pueden ser Ferran Adrià o Arzak, y también en reconocidos lugares como Espai Sucre, en Barcelona, o el Celler de Can Roca, entre otros.

La evolución de la empresa y el cambio de estrategia de estos últimos años ha generado unos ingresos que ascienden a cinco millones de euros y está previsto que sigan en aumento durante los próximos años. Francec Sosa señala que “al principio todo empezó como un hobby, una pequeña locura, pero es muy importante tener buenas relaciones humanas y para eso hay que saber jugar como un equipo”. Entre sus planes de futuro está conquistar el mercado europeo; ya ha empezado en Inglaterra.