Manuel Royes se enroló en la política desde el entorno universitario, donde estudió Ciencias Económicas y coincidió con Pasqual Maragall e Isidre Molas, entre otros, en el clandestino Sindicato Español Universitario. Esa época marcó una militancia política ininterrumpida. Ahora, ha optado por una posición más tranquila, aunque no ajena a los retos, y de gran trascendencia económica, el Consorcio de la Zona Franca de Barcelona (CZF), una institución que el año pasado ganó 31 millones de euros y que acoge a 250 empresas con una plantilla de 43.429 personas. En el poco tiempo que lleva al frente del CZF, tras sustituir a Enrique Lacalle, ha recuperado 50 hectáreas que no utilizaba Seat, aunque se recibirán de forma progresiva hasta 2007, ha vivido el fin de la deuda histórica provocada por Antonio de la Rosa, padre de Javier De la Rosa, y ha reestructurado la cúpula del consorcio tras nombrar a Esteve Borrell como director general y a Guerau Ruiz Pena como secretario general, en sustitución de Jordi Toboso y de Pedro Vega, respectivamente.

Uno de los ejes de su discurso de toma de posesión fue el impulso de políticas de suelo industrial y la ayuda a la economía productiva, ¿cómo se han concretado esas palabras?
Ya hemos recuperado cincuenta hectáreas que tenía Seat en la Zona Franca y se van a poner en el mercado para las empresas interesadas en estar en el meollo de la actividad económica de Barcelona. A partir de ahí, estaremos en contacto con los municipios para crear suelo industrial, conjuntamente con la Generalitat. Resulta que cada alcalde quiere tener su polígono industrial y así no se organiza un país, y además no resulta rentable. Vamos a plantear un mapa de Cataluña con varios puntos para crear polígonos industriales, no serán muchos, pero tendrán el espacio suficiente para que las empresas no tengan excusas ni puedan decir que no hay suelo; porque no dicen que sea caro, sino que no hay suelo. Estas actividades económicas necesitan espacio, y han de estar bien comunicadas para que sean competitivas. En esto nos hemos puesto de acuerdo con la Generalitat, aunque aún se ha de concretar.
¿Qué instrumentos se utilizarán?
La Generalitat cuenta con Cimalsa y el Incasol; nosotros somos otro instrumento, aunque más modesto. Hay otros, porque los grandes ayuntamientos tienen sociedades de desarrollo industrial.
¿De dónde vendrá el dinero?
La actuación en este campo será posible gracias a la demanda y no tendrá problemas de financiación. Esto se paga solo, un plan para los próximos tres, cuatro o cinco años se puede autofinanciar perfectamente.
¿Y cuál será el papel del Consorci?
Algunas cosas las haremos conjuntamente, otras las repartiremos por especialidades, ya veremos. Nuestra vocación es Barcelona, pero también tenemos un polígono en Constantí, que es la excepción pero que cuenta con 400 hectáreas. Lo que interesa es hacerlo lo más flexible posible para conseguir la mejor rentabilidad en esta actuación y todo con rapidez. No podemos estar diez años mareando la perdiz. A principios de año ya tendremos las líneas de actuación y, a partir de ahí, como ya tenemos los contactos con los ayuntamientos y el área es fácilmente adivinable porque tiene que ver con las comunicaciones, con la existencia de actividades industriales y con la calidad del terreno, entonces se podrá empezar.
Precisamente hay empresas que se quejan de las trabas para ampliar unas instalaciones o instalar un nuevo almacén.
Lo que ocurre es que a veces se quiere ampliar donde se ha aprobado que vaya una zona verde o viviendas. El Ayuntamiento es soberano para fijar sus planes de ordenamiento urbano, que son sagrados. Seguro que hay espacio para propiciar el crecimiento económico, pero no de cualquier manera.
Pues a veces presionan mirando las ofertas de municipios de Aragón.
Allí el suelo es más barato, porque está más lejos y rinde menos, aunque con el puerto seco de Zaragoza ha ganado competitividad, y están en su derecho. Luego hay un tema fiscal entre Aragón y Cataluña, pero en eso no entran los ayuntamientos.
Tras recuperar parte de los terrenos de Seat, ¿qué tipo de industrias se instalarán allí?
Dos de ellas procederán de compromisos del Ayuntamiento de Barcelona con empresas ubicadas en el Paseo de la Zona Franca, donde se construirán viviendas, como es el caso de Miniwat y Santiveri, luego hay un polígono como el de Can Batlló, que tiene a algunas empresas por colocar y que vendrían aquí, y también alguna del 22@. Tienen que instalarse empresas que necesiten estar en el centro neurálgico de la logística y serán empresas de mucho valor añadido.
¿Qué precio se está barajando?
Estamos alquilando el terreno a 26 euros metro cuadrado y año, según el último contrato firmado. Pero últimamente tratamos de construir las naves y alquilarlas junto al terreno.
Además de administrar el polígono industrial, el consorcio tiene planes para crear un puerto seco, ¿cómo va esta iniciativa?
Ya se han encargado estudios para hacer posible su creación en las proximidades de Barcelona y que pueda dar servicio al Puerto de Barcelona y al de Tarragona. Esto es imprescindible, porque dentro de pocos años quedaremos colapsados, sobre todo cuando amplíen el Puerto de Barcelona. Tanto el Puerto, como el Ayuntamiento y las consellerías implicadas, todos, estamos en la misma línea de actuación. Cuando localicemos el lugar y nos pongamos de acuerdo con los afectados, entonces será una actuación que tendrá que liderar la Generalitat; noso-tros participaremos.
¿Para cuando está previsto que ese puerto seco sea operativo?
Esto es para ya. Eso quiere decir que dentro de unos meses ya hay que tener la ubicación y empezar a prepararlo. Aquí hay que poner una línea de ferrocarril y esto, o lo decidimos en unos meses o no lo veremos. Tienen que ponerse de acuerdo todos, también los ayuntamientos a quienes les afecte.
Hay casos, como el trazado del AVE o la tercera vía del aeropuerto, donde ese entendimiento no ha sido muy fluido.
No es por criticar a nadie, pero las cosas se pueden hacer mejor, sobre todo si se habla antes y se miran las compensaciones, según los casos. Lo ideal sería aprovechar al máximo las infraestructuras existentes, lo que abarataría el proceso de creación del puerto seco.
Se habla mucho de la importancia del ferrocarril para el desarrollo del área portuaria y el mantenimiento de la actividad industrial…
Aquí partimos de una cota de actividad industrial muy superior a la de la mayoría de los países europeos y es normal que esto vaya bajando en beneficio del sector servicios y de la logística, porque estamos muy arriba. Pero a toda esta industria que tenemos se le ha de facilitar que siga ganando dinero y no pueden tener a los camiones dos horas para entrar en la zona franca. Si esto sucede ahora, con la puesta en marcha de las cincuenta hectáreas de Seat, la ampliación en trescientas hectáreas del puerto y la influencia del aeropuerto, no cabremos. Tenemos la ventaja de que el Puerto de Barcelona tiene la riqueza de los alrededores de Barcelona y tiene un cliente importante en el sur de Francia, pues para llegar a ese cliente, necesita un ferrocarril, porque o se va por ese medio, o no se va.
¿Y la solución se encuentra en el ferrocarril?
Yo creo que sí. El siglo XXI será la vuelta del ferrocarril para pasajeros y para mercancías.
Otro aspecto del Consorci es el tecnológico, participa en el Parc Industrial de Poble Nou, en el Parc Tecnológic del Vallès, Nexus I y II, el Parc de Reserca Biomédica… ¿Cómo encaja eso en la actividad del CZF?
De este modo ayudamos a la potenciación de la actividad industrial, para que sea más competitiva. Nosotros facilitamos el espacio porque alguien lo tiene que hacer. Lo malo es que hasta ahora o lo hacíamos noso-tros o no lo hacía nadie. Puedo garantizarle que no perdemos dinero con esta actividad, aunque tampoco obtenemos resultados brillantes, pero mantenemos el capital.
¿Hay más proyectos en marcha?
Hemos firmado uno con la Universitat Autònoma, el Eureka 1, al lado del sincrotón. Tendrá cinco mil metros cuadrados, pero se puede ampliar hasta los doce mil metros cuadrados, que es el máximo que cabe allí. De momento invertiremos seis millones de euros en esto. Ya hay solicitudes de empresas por doce mil metros cuadrados, aunque el sincrotón todavía tiene que empezar a construirse. El acuerdo con la universidad es que ellos nos ceden el terreno, nosotros construimos y el diez por ciento del edificio se entrega a la Universidad para su uso; el resto lo ponemos en alquiler. Dentro de treinta años se devolverán las llaves a la Universidad. También hay tres edificios en el 22@ apalabrados y para los que ya nos hemos comprometido. Allí tenemos un compromiso con el Ayuntamiento de anticipar la financiación del cincuenta por ciento de la infraestructura de la urbanización del 22@, que tendrá un coste de cuarenta millones de euros, a realizar en cuatro años, y eso lo recuperamos cuando se vayan construyendo edificios allí, no es un negocio brillante, pero alguien tiene que hacerlo.
¿Hay algún negocio deficitario?
Excepto las inversiones del señor De la Rosa, cuya deuda ya ha quedado saldada en 2004, todo lo demás, sin buscar grandes beneficios, hemos procurado mantener nuestro capital, por eso buscamos rentabilidades del nueve por ciento en nuestra actividad. Algunas operaciones han dado más, pues mejor, porque aquí todo se reinvierte.
Pero el Ayuntamiento sí que recibe una parte del beneficio como accionista.
Eso es a cuenta del impuesto de sociedades, del que estamos exentos. De lo que nos ahorramos se lo entregamos al Ayuntamiento. Hasta ahora de ese 33 por ciento, el 11 por ciento se dedicaba a pagar las deudas dejadas por De la Rosa. A partir de este año, todo el porcentaje irá al Ayuntamiento, que cedió los terrenos.
¿Cómo se financia la actividad que desarrolla el Consorcio de la Zona Franca?
Los alquileres suponen unos ingresos suficientes para garantizar la estructura y unos beneficios. Luego las operaciones que se han ido realizando han generado un plus de beneficios y sobre todo ha posibilitado obtener capital para operaciones como la de Seat. Y todo esto sin acudir nunca al crédito. Ahora hay liquidez. Tenemos capacidad de endeudarnos sin perjudicar a ninguna Administración. Nuestro valor contable es de 400 millones de euros, y con esa cifra, podemos comprar lo que queramos.
Usted ahora trata con empresarios, ¿cómo ve la percepción del tejido empresarial ante la política económica del tripartito?
La permanencia en el poder del mismo partido durante veintitrés años crea unas maneras de gobernar, no juzgo si buenas o malas, y ahora hay tres grupos que gobiernan, por lo que hay otros tics. Lo que sí he visto es que los empresarios, de manera leal, se han mostrado dispuestos a colaborar con el actual Govern y esto es muy inteligente. Lo que falta es que se cojan los tics. Creo que esto es lo que está pasando, hace falta tiempo.

El apunte

La trayectoria política y las viviendas de Prolhasa

Tras su trayectoria política, ahora que en vez de pedir recursos los controla, ¿tiene más poder que antes?
La verdad es que mandaba más como alcalde de Terrassa, pero aquí disfruto porque se pueden hacer muchas cosas, hay mucha capacidad de gestión y un personal preparado que permite afrontar cualquier aventura con garantías técnicas y económicas. Esto es como hacer de alcalde sin vecinos.
Sin vecinos y con dinero.
Sí, con dinero, pero tiene una pega, los vecinos te animan a seguir adelante, aquí no hay ese calor.
¿Aspira a volver a la primera línea del PSC?
Aquí vamos al revés que en Europa, donde a los sesenta años un político empieza. Yo empecé de alcalde a los 38 años, cuando en otros países se llega a ese puesto a los sesenta y pico, que es cuando yo dejé la alcaldía. Por eso, cuando me ofrecieron ser delegado de la Generalitat en Madrid me hizo ilusión, pero la verdad es que este puesto en la Zona Franca, que tiene menos proyección mediática y política, cuenta con la ventaja de que con los años que llevo de responsabilidad pública, es mejor estar a tres cuartos de hora de mi casa y con la expectativa de aprovechar en beneficio del país que las administraciones que actuamos en Cataluña somos del mismo color político.
¿Le ha afectado el tema de las irregularidades de Prolhasa detectadas por la Sindicatura de Comptes en su etapa en la Diputación?
Esto ya se discutió en 2002. Lo que pasó allí es que llevábamos siete u ocho años construyendo viviendas de acuerdo con los ayuntamientos e iba bien hasta que empezaron a dispararse los costes de la construcción y se quedaron estancados los módulos de los precios de protección oficial. Encargamos una auditoría y nos dijo que iba bien, encargamos otra y señaló que no iba tan bien. Liquidamos la sociedad, pagamos y al final hasta se habrá ganado dinero, porque algunos espacios, como los bajos de los edificios, se los quedaba la Diputación y tras revalorizarse supera los dos mil millones de pesetas (doce millones de euros) de déficit de la sociedad. Además, hay demandas contra algunas de las constructoras que subieron de manera abusiva los precios y que están pidiendo conciliación, lo que quiere decir que están dispuestos a pagar. Al final, se habrán hecho 2.200 viviendas, y otros dos mil aparcamientos a precios tasados, y la Diputación igual gana algo. Teníamos que haber sido más ágiles y haber dejado de construir en el momento en que se detectó el desfase. No es algo para sentirse orgullosos, pero allí estaban todos los partidos políticos. No nos achacan que perdiéramos dinero sino las chapuzas que detectamos después.