En definitiva, están convencidos de que la actividad textil no tiene nada que hacer, no ya sólo en España, sino en toda Europa, porque es una industria con tecnología que poco ha avanzado en dos mil años, que requiere mano de obra abundante, y en estos campos, Asia y luego África, tienen la mano ganada al Viejo Continente. Los empresarios vienen a decir que hay que olvidarse de fabricar textiles, y si acaso queda el camino de la comercialización con implantación de marca.
El sector textil español perdió 10.000 puestos de trabajo en 2003 y este año el recorte llegará a los 15.000 empleos, según Cazador. Hace cinco años, en 1999, trabajaban en el sector 275.000 personas y ahora lo hacen 250.000 en toda España, mientras que el número de empresas bajó en este periodo de 7.650 a unas 7.000 y sigue retrocediendo tanto la inversión en maquinaria (un 10,4 por ciento entre enero y abril de 2004) como la producción (el 5,2 por ciento en dicho periodo).
Entre los informes empresariales que hemos podido leer estos días destacamos el de Industrias del Acetato de Celulosa (Inacsa), una gran firma textil catalana especializada en la fabricación de hilados de acetato de celulosa y poliamida en su factoría de Sant Celoni. Sus gestores afirman en la memoria de 2003 que el pasado ejercicio ha estado marcado en particular por la reducción de las barreras arancelarias, proceso que culminará el 31 de diciembre próximo. Añaden que de forma progresiva, cada una de las mallas de la cadena de la industria textil, es decir, la hilatura, el tisaje, el acabado y la confección, han sido sustituidas por productos procedentes de otros países, básicamente asiáticos, donde existen grandes capacidades de hilatura a precios de dumping y con salarios más bajos. Este hecho provoca las importaciones en Europa de artículos confeccionados que reemplazan a los que, hasta hace pocos años, ocupaban la cadena textil del mundo occidental. Y afirman los de Inacsa: “podemos decir pues, que una gran parte de los hilados y fibras producidos en Asia siguen un camino que los conducen a Europa en forma de piezas confeccionadas a precios de imposible competencia”. Si a esto añadimos que la cotización del dólar se redujo un 40 por ciento desde mediados de 2002 a fines de 2003, la conjunción de estos factores negativos ha provocado una falta absoluta de rentabilidad para sus productos. Y las perspectivas no son nada halagüeñas, pues en Inacsa toda la serie de problemas enunciados siguen en pleno vigor para el año 2004.
En Dogi, la compañía de El Masnou controlada por José Doménech y que cotiza en bolsa, intentan luchar contra la crisis en base a especializarse en moda íntima, baño y línea deportiva. Con todo, siguen en pérdidas y afirman luchar contra la situación sobre las coordenadas de potenciar la actividad de I+D, ahorrar gastos y reordenar la división industrial. El grupo sigue siendo deficitario pese a que cuenta hoy con plantas en Europa especializadas por productos, mientras que en China logra crecimientos importantes en ventas y resultados.
Respecto a otras sociedades textiles de las que ya conocemos los datos del año 2003, señalaremos que Estabanell y Pahissa, de cuya actividad la parte textil ya es menos importante que la eléctrica, sigue reduciendo beneficios trimestre a trimestre, pues la empresa acusa “la situación de contención”. En la fábrica de hilo y polímero poliamida de Nylstar situada en Blanes (la antigua Safa), el cash flow del año pasado descendió de once a tres millones de euros. Manufacturas A. Gassol ha celebrado junta general extaordinaria para aprobar la reducción a cero del capital a fin de compensar pérdidas. Pasarela Textil, fabricante barcelonés de hilados y tejidos de fibras artificiales y sintéticas, obtuvo malos resultados en 2003 con reducción de ingresos y de ganancias (estas últimas pasaron de 1,1 a 0,1 millones). E Industrias Murtra, de Granollers, recortó también la facturación mientras los excedentes netos pasaban de 1,3 a 0,4 millones de euros.
Más información en la edición impresa de Fomento de la Producción:
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