Las administraciones, desde el Ministerio de Sanidad a las comunidades autónomas, están obsesionadas con el recorte del gasto sanitario para poder cuadrar los presupuestos en una partida que crece de forma incontrolable siempre por encima del PIB. Por otro lado, la competencia es cada vez más fuerte, como fruto de las últimas fusiones que se han producido a nivel internacional, por lo que las empresas más pequeñas se encuentran con serias dificultades para obtener nuevos fármacos al ritmo de las grandes multinacionales, que además cuentan con mayores redes internacionales para poder amortizar los gastos de investigación y desarrollo.

Estos elementos han vuelto a saltar al primer plano tras iniciarse los contactos entre la patronal del sector, Farmaindustria, y el Ministerio de Sanidad que dirige Elena Salgado, para negociar un nuevo pacto de control del gasto sanitario. Estos encuentros se producen tras las quejas de los laboratorios, que se sienten traicionados por los precios de referencia fijados a finales del año pasado por el Ejecutivo del PP, en el que algunos fármacos vieron reducidos sus precios hasta el sesenta por ciento. “Esta situación está creando un ambiente de prevención hacia los nuevos productos, se empiezan a poner barreras y la Administración debería incentivar, proteger y fomentar la innovación, porque si no se va a ahogar la investigación en España, que es muy cara, pero que es la que facilita las mejoras en salud”, asegura Jorge Gallardo, presidente de Farmaindustria y de Almirall Prodesfarma, empresa que este año destinará 92 millones de euros a investigación.

Mientras tanto, el gasto farmacéutico (que sólo es una parte del gasto sanitario total) sigue creciendo. Según el estudio realizado por la consultora National Economic Research Associates (Nera) para Farmaindustria, es previsible que el gasto farmacéutico crezca en España a una tasa del cinco por ciento real en 2004 y alrededor del seis por ciento anual entre 2005 y 2007.

La Seguridad Social gastó el año pasado 8.900 millones de euros en especialidades farmacéuticas, lo que supone un crecimiento corriente de casi el doce por ciento, el alza más importante de los últimos cinco años. De ese aumento, se estima que 7,85 puntos porcentuales corresponden al mayor número de recetas prescritas, mientras que los otros 3,71 puntos reflejan el mayor precio de los nuevos medicamentos y sólo 0,13 puntos están vinculados a variaciones de los precios. En los últimos cuatro años se ha experimentado un progresivo aumento del número de recetas, dato que está vinculado al mayor peso poblacional de los pensionistas y a la extensión de la cobertura médica a los inmigrantes. Como estos elementos no han remitido se prevé que la situación siga en la misma dirección en los próximos años.

El papel de los genéricos

Uno de los elementos introducidos en los últimos años para controlar el gasto han sido los genéricos. El año 2000 se convirtió en el pistoletazo de salida para estos medicamentos, que aprovechan el fin de la protección de las patentes. Así, en 2000 los genéricos ya suponían el tres por ciento de las unidades vendidas en el mercado español, mientras que tres años más tarde ese porcentaje ya alcanza el 4,6 por ciento, si se mide en valor. El peso de los genéricos seguirá elevándose, puesto que la protección sobre moléculas y principios activos de muchos medicamentos importantes vencen en los próximos años. Sin embargo, los productos que se han alineado con los precios de referencia, es decir, que tienen el precio a nivel de genérico, representan un porcentaje de mercado cercano al 20%.

A principios de septiembre, el presidente de la patronal española de la industria de medicamentos genéricos, Guillermo Tena Suriani señalaba a Cinco Días que el lento crecimiento de los genéricos en España respondía a la poca eficacia del recorte de precios y a la existencia de muchas empresas de genéricos (hay medio centenar), que son poco competitivas. En su opinión, “la industria de genéricos en España no puede aguantar otro recorte como el que hubo el año pasado”. Esa medida, según la patronal de genéricos, ya provocó que la facturación de esas compañías cayera entre un treinta y un sesenta por ciento, una situación que ha golpeado especialmente a las empresas españolas. En el mercado ibérico proliferan los laboratorios medianos que han visto mermadas sus posibilidades de lanzar nuevos fármacos y que han optado por los productos cuya molécula ya no está protegida por una patente.

Aunque en el sector se ha hablado mucho de la importancia del tamaño para poder ser competitivo en I+D, el director del área de gestión general de Laboratorios Esteve, Albert Esteve, explicó antes del verano en una conferencia en Esade que “el tamaño no es necesariamente la respuesta a la innovación”. Esteve recordó que las nuevas moléculas terapéuticas están saliendo principalmente de pequeños laboratorios y no de grandes multinacionales. Y aunque el líder mundial del sector, Pfizer cuenta con un presupuesto para investigación de más de 7.500 millones de euros, frente a los cuarenta millones de Esteve, éste considera que “tenemos alguna posibilidad centrándonos en las fases iniciales, en la investigación en red, y con la especialización”. Aunque la competencia es muy dura, puesto que sólo el año pasado, Pfizer ya destinó 69 millones de euros a investigación en España, incluyendo los 15 millones aportados a proyectos de investigación de acuerdo con el pacto de estabilidad firmado con el Ministerio de Sanidad. El grupo estadounidense estima que en 2004-2005 su inversión alcance los 156 millones de euros.

Los laboratorios también han encontrado otra vía para compensar la presión a la que están sometidos, se trata de los productos que no necesitan receta y que se publicitan en los medios de comunicación, son los conocidos como OTC (over the counter). En España, estos productos, de los que algunos se pueden adquirir en los supermercados, sólo representan el cinco por ciento del total, aunque en otros países europeos ese porcentaje alcanza el veinticinco por ciento. La italiana Zambon es una de las empresas que ha optado por el OTC en uno de sus principales productos, el Fluimicil, para salir de la presión del control de precios. Así, de cada diez productos de mucolíticos que vende Zambon, seis son por prescripción médica, bajo la nueva marca de Flumil, y el resto son de automedicación con la marca histórica del Fluimucil. Zambon, que prevé facturar este año en España noventa millones de euros, frente a los 86,1 millones del año pasado, es consciente de que en 2004 volverá a reducir su nivel de beneficios por culpa de los precios de referencia. “Se pueden reducir los precios, pero hasta un determinado nivel, porque sino se está ahogando a los proveedores y hay otros elementos que se deben considerar para reducir el gasto sanitario”, explicó Davide Sirtoli, director de Zambon en el área ibérica, en la última presentación de resultados del grupo. Aunque Zambon es una empresa de tamaño medio, cuenta con cinco centros de investigación: tres en Italia, uno en Suiza y otro en Barcelona para el área de farmaquímica, una elección lógica si se tiene en cuenta que el mercado ibérico supone el 23 por ciento su negocio.

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