La historia de Puig, iniciada en 1914 cuando en Europa estallaba la primera gran guerra, vivió un hito especial en 1922 con la fabricación del primer lápiz de labios hecho en España, comercializado con el nombre de Milady. Acabada la guerra civil española, Antonio Puig creó la fragancia Agua Lavanda Puig, que se convertiría rápidamente en el producto estrella. Coincidiendo con el ecuador del siglo XX llega la segunda generación a los puestos de mando (los hermanos Antonio, Mariano, José María y Enrique). En 1968 es inaugurado un nuevo centro fabril en Barcelona y simultáneamente aparecen diversos productos de éxito en la compañía, como han sido Denenes (1965), Agua Brava (1968) y Azur de Puig (1969), mientras que en los años setenta irrumpen en el mercado Moana, Estivalía y Vetiver de Puig. El gran éxito de ventas llegaría en 1981 con Quorum y en 1988 la diseñadora americana Carolina Herrera confió a Puig la creación y comercialización de su perfume.
La política de expansión territorial en España vivió un momento importante en 1995, cuando el grupo barcelonés tomó el 50 por ciento de Veritas, entidad que a su vez controlaba la madrileña Perfumería Gal, fabricante de Heno de Pravia entre otras marcas. En el año 2000 realizó otra operación de campanillas, al adquirir cerca del 90 por ciento de Myrurgia, su más directo competidor en Cataluña, la cual aportaba marcas reconocidas como son Alada, Maja, 1916 y las fragancias Massimo Dutti, Adolfo Domínguez y Don Algodón.
En paralelo, llegó la expansión internacional. Esta política empezó en 1968 al suscribir un acuerdo en París con el diseñador español Paco Rabanne, entonces prácticamente desconocido, para la creación, desarrollo y comercialización de sus fragancias. Ante el éxito de la iniciativa, se construye en 1975 una planta industrial propia en Chartres, que sigue operativa en la actualidad. Posteriormente Puig entra también en el conjunto del negocio de moda de Paco Rabanne.
El proceso expansivo prosiguió con la entrada en la estadounidense Carolina Herrera y el gran golpe de efecto tuvo lugar en diciembre de 1997 con la adquisición de Nina Ricci, una de las primeras empresas francesas de perfumería y moda, con ingresos anuales consolidados de mil millones de francos franceses en el momento de realizarse la operación y de la que Puig era distribuidor en España desde los años cincuenta. Nina Ricci tiene su fábrica en Ury, junto a Fontainebleau, así como una emblemática boutique en la parisina Avenue Montaigne.
Y el último paso dado en la senda de la internacionalización tuvo lugar en mayo de 2003 con la firma de un acuerdo entre Puig y la italiana Prada para crear una empresa conjunta al 50 por ciento cuyo objetivo es gestionar el crecimiento del negocio de fragancias y cosmética de Prada a nivel mundial; la nueva compañía tiene su sede en Barcelona, está gestionada por Puig y ha adquirido el negocio de cosmética de Prada a una compañía del grupo italiano. La fragancia Prada estará disponible en los centros de El Corte Inglés, tiendas Prada y distribuidores autorizados en todo el país, a partir de octubre próximo y las ventas previstas en España, Estados Unidos, Italia, Alemania e Inglaterra durante la próxima campaña de Navidad ascienden a 30 millones de euros. Mariano Puig, junto con Luciano Benetton y Francesco Tatò, forma parte del consejo de administración del grupo Prada.
Javier Cano explica que Puig está en Estados Unidos desde el año 1957, donde hasta ahora sólo se dedicaba a la difusión de sus productos selectivos y a la distribución mundial de la marca Barbie, tras el acuerdo firmado con Mattel en 2003. Pero los tiempos cambian, y en julio de 2004 pone en marcha una filial en Nueva York para distribuir a través de 22.000 puntos de venta sus productos semiselectivos, como pueden ser la marca Antonio Banderas y los productos de Mattel, Barbie y My Scene. A través de la nueva subsidiaria, que será operativa a partir del próximo mes de septiembre, las ventas en Estados Unidos añadirán cien millones de dólares más al año a la cifra actual.
La empresa en cifras
El grupo posee diez centros de trabajo y 40 filiales en 25 países, a través de la casa matriz Antonio Puig y de una serie de filiales, entre ellas los laboratorios dermofarmacéuticos Isdin, la fábrica de encendedores y artículos de escritorio Flamagás y las firmas Carolina Herrera Limited, Nina Ricci, Paco Rabanne, Myrurgia, Perfumería Gal y Dr. Payot. Además participa con el 11 por ciento en el capital de Adolfo Domínguez e impulsa en España la expansión de la red de tiendas Maison Parfum dedicadas a las fragancias para el hogar.
Las ventas de Puig ascendieron el año pasado a 893 millones de euros y las previsiones para 2004 son las de crecer un 5 por ciento. Europa representa un 73 por ciento (España el 49, Francia el 6 y resto del continente el 18), Iberoamérica suma un 9, América del Norte el 7, Asia un 5 y resto del mundo un 6 por ciento. El beneficio operativo de 2003 fue de 58,1 millones y las ganancias antes de impuestos, de 20,5 millones. El objetivo del grupo es hacerse fuerte en los campos del mercado español donde es líder, en concreto fragancias y geles de baño.
La compañía ha establecido un plan de actuación hasta el año 2006 que comprende un modelo mixto de explotar marcas propias y licenciadas, al contrario de otros ejemplos, como puede ser el de L’Orèal, centrado en licencias. Las previsiones para 2006 son las de rebasar los 1.100 millones de euros como cifra de negocio.
Nueva fábrica Gal
En marzo pasado se puso en marcha la primera línea de envasado de geles y champús en la nueva fábrica de Gal en Alcalá de Henares, con producción mensual de 1,2 millones de unidades. La división de colonias entrará en funcionamiento en agosto con un ritmo mensual de producción de 700.000 unidades. En dicha factoría se han invertido más de cuarenta millones de euros. Cuando esté totalmente en funcionamiento, alcanzará una capacidad productiva de diez millones de unidades al mes, equivalentes a 5.000 toneladas de jabones, geles de baño y colonias.
El protocolo familiar
Mariano Puig Planas pronunció hace siete años una charla sobre la empresa familiar, en la sede del Colegio de Ingenieros Industriales de Cataluña. En aquella ocasión explicó con cierto detalle el funcionamiento interno de Puig, habló de la constitución de un holding, de la junta general de accionistas, del consejo de familia y del protocolo familiar. Respecto a este último apartado, destacó algunas de las reglas que lo conforman, tales como las siguientes:
- Ningún miembro de la familia podrá entrar en el grupo empresarial en un puesto de segundo nivel. O está preparado para estar arriba de todo, o sino, no trabajará en Puig.
- Los familiares políticos no entrarán a formar parte del nivel ejecutivo de la empresa, si bien podrán ser accionistas a través de sus esposas.
- Los miembros de la familia Puig que entren en la empresa deberán poseer una formación de grado superior y deberán de haber trabajado como mínimo cinco años fuera de la misma. Luego se colocarán en una especie de lista de espera, por si algún día la empresa los necesita y ellos han demostrado su valía profesional. De esta forma, esas personas aportarán una nueva cultura al grupo.
- Ningún accionista avalará como contrapartida, las acciones que tenga del grupo. Este compromiso es formal.
- Ningún miembro de la familia con el apellido Puig, si alguna vez se separa de la compañía, hará productos que puedan suponer competencia a la misma. En contrapartida, el grupo se reserva una cantidad fija, inmovilizada, para comprar las acciones a un miembro que quiera marcharse.
Ampliación del reportaje en la edición impresa de Fomento de la Producción:
- Perfiles de:
- Javier Cano Cornide
- Manuel Puig Rocha
- Marc Puig Guasch
- Consejeros de Puig
- Una empresa con 90 años de historia

