En los años transcurridos entre 1994 y 2003 el número de personas ocupadas pasó de 12,2 a 16,69 millones, lo que supone un aumento de 4,5 millones y, el desempleo se redujo de 3,88 a 2,12 millones, esto es 1,76 millones. Esto supone que la entrada de personas en el mercado de trabajo fue, al menos, de 2,74 millones. En realidad fue superior porque el aumento en la ocupación también hubo de compensar las jubilaciones ocurridas en el período, tanto las que se realizaron a la edad apropiada como las anticipadas. Es muy probable que este proceso se mantenga en el futuro.
La tasa de paro natural, sería la que afecta a quienes buscan su primer empleo o están en tránsito de una ocupación a otra. En los EEUU se ha situado en torno al 5% de la población activa, cifra discutible y dependiente de cuestiones institucionales como las pautas de negociación colectiva, costes de despido, amplitud de las fluctuaciones económicas del país, vulnerabilidad a shocks externos y otros factores. Si se acepta como referencia, considerando que la población activa asciende a 18,82 millones (cifra media de 2003, donde la final fue de 18,99), el paro descendería de los 2,13 millones de media de 2003, pero afectaría a la todavía elevada cifra de 940.000 personas que, obviamente aumentarían si lo hiciera la población activa. En realidad esta estimación es insuficiente porque a medida que se redujera el paro seguiría el tránsito de personas desde la inactividad laboral a la actividad. Otra razón para la insuficiencia está en el cambio del censo, que en 2004 incrementará la población activa en unas 800.000 personas de las que unas 100.000 estarán paradas, con lo que hay que añadir esta cifra a los más de dos millones preexistentes.
La tasa de actividad de la población española en 2003 fue del 68,7% de la población activa. Puede suponerse que continuará creciendo hasta alcanzar la media europea que la OCDE estima para 2004 en el 71,3%. Esto significa que la población activa debe pasar (al margen del crecimiento vegetativo) desde los 19,79 millones del primer trimestre de 2004 hasta 20,54, de los que 2,3 estarían en paro.
Con la trayectoria de los últimos nueve años se necesitarían unos 26 meses para rebajar la tasa de paro hasta el 5%. Sin embargo algunos de los factores que impulsaron este proceso, como el descenso en el coste del crédito, el equilibrio en el gasto público y el acuerdo interconfederal de 1997, del que salió el contrato de fomento del empleo, ya ejercieron su influencia, de modo que se necesitan nuevos impulsos al tiempo que se mantienen las condiciones básicas que permitieron el inicio del despegue.
Si se mantienen las expectativas de estabilidad que han generado la política fiscal y la monetaria, esto es, equilibrio presupuestario, tipos de interés bajos y negociación colectiva que tengan en cuenta las circunstancias del entorno, hace falta, en primer lugar, un crecimiento más vigoroso del conjunto de la UME, en la que se integran los principales clientes y proveedores de España. Las previsiones apuntan a una mejora ligera, apoyada en la mejora de EE UU y Japón, así como en la vuelta de la cotización del euro frente al dólar a una posición menos sobrevalorada. Esta mejora parece posible pero está amenazada por los conflictos externos y la aparente indecisión de la UE. Al tiempo, el diferencial de crecimiento español, apoyado en buena parte en la construcción, podría reducirse a tenor de la reducción de la actividad en la edificación de viviendas que se inició en el mes de enero.
El factor crucial para proseguir en el descenso del paro está en el avance en la reforma de la normativa laboral que permita eliminar desincentivos que subisten, como el coste de despido, absentismo, abuso de las bajas por enfermedad y otros, así como añadir la flexibilidad interna y externa que permitan la adaptación a las circunstancias del mercado. Obtener un acuerdo de esta naturaleza requiere tiempo y una voluntad que, por ahora, podría no ser la adecuada. Si se lograra habría más oferta de empleo, pero de ahí no necesariamente se deriva la reducción del paro si los demandantes de empleo consideraran poco atractivas las ofertas, en cuyo caso serían cubiertas por emigrantes o quedarían vacantes.

