Los tiempos cambian. La última oleada de pesetas emigradas a Suiza en búsqueda de mayor seguridad, tuvo lugar cuando la arrolladora victoria de los socialistas de Felipe González en el año 1982. Y antes, con motivo de la muerte de Franco en 1975, más que oleada fue un auténtico maremoto. Ahora lo que ocurre es al revés, según comentarios hechos por un destacado banquero de la plaza de Zurich: son frecuentes los casos de empresarios que necesitan apuntalar su compañía en España, y lo que hacen es traer dinero de Suiza a España. Añade este interlocutor que el fenómeno no es exclusivo de España, y clientes de países como Alemania, Francia o Italia, se rigen por un modo de operar similar respecto a sus depósitos en la banca helvética.

Un hecho que cabe destacar en el caso español es que hoy, la única corriente de dinero que sigue afluyendo a Ginebra y Zurich desde abajo de los Pirineos, en cantidades a menudo importantes, tiene su origen en la actividad constructora e inmobiliaria. Dado que el dinero negro sigue siendo una constante en una buena parte de la operativa de este sector, la solución idónea encontrada por los constructores y promotores inmobiliarios españoles, es llevar al país del chocolate y los relojes, los euros fiscalmente opacos. Y de cualquier modo, el negocio es el negocio y los bancos suizos, grandes, medianos y pequeños, siguen ofreciendo a sus clientes españoles suculentas comisiones en caso de llevarles nuevas cuentas de amigos y conocidos.