La presencia española crece día a día en las calles de Nueva York
Tras visitar durante quince días el pasado mes de agosto diversas zonas de las costas este y oeste de Estados Unidos, he llegado a varias conclusiones claras. Una de ellas, es que desde hace dos años (mi última visita al gigante de las barras y estrellas fue casi coincidiendo con el 11-S), la presencia española en Nueva York se ha agrandado. Otra, que la juventud de allá desconoce qué es España, dónde estamos, cómo vivimos y qué comemos. Una tercera, que los jóvenes yanquis son bastante menos ilustrados que los europeos. Y una cuarta: algo saben de Madrid y Barcelona, las tienen conceptuadas como ciudades avanzadas dentro del mundo de hoy, pero si de la primera llegan a conocer que es la capital de España, la segunda no la asocian con nosotros, quizá porque una capital viva no se imaginan que pueda estar en España.
Los 'teenagers' estadounidenses ignoran en qué parte del mundo estamos ubicados, engloban en el término 'hispano' a todo lo que está al sur de Rio Grande y nuestro país no saben bien bien si se encuentra por ahí abajo o en algún otro lugar del mundo. Por ejemplo, jóvenes estudiantes de San Diego o de Seattle con los que dialogué, me preguntaban si en España conocíamos ya lo que es la televisión en color. Para ellos Europa es Londres, París y Roma, la innovadora Alemania, los avanzados nórdicos, Suiza como nación bucólica, y el Este que había pertenecido al comunismo. España no figura en su catálogo y de nuestro país solo saben que Madrid es la capital. Tienen oídas de Barcelona como ciudad olímpica y avanzada en temas culturales y económicos, pero no la asocian con la palabra España. Una anécdota que puede representar de forma bastante real cuanto digo, queda reflejada al comentar a un joven de allá mi calidad de barcelonés. "¡Oh, tú eres de Barcelona, que recuerdo bien de cuando los juegos olímpicos! Allí hacen además campeonatos de skate, ha celebrado los X-Games y albergó los últimos premios europeos de MTV. Creo que es muy bonita esta ciudad francesa". Rigurosamente cierto.
Para los jóvenes de allá, solo existe América (así llaman ellos a Estados Unidos), lo demás no cuenta. Y de nosotros tienen formados algunos conceptos que Dios sabe de dónde los han sacado. Comemos mal en España, todos somos bajos, tenemos la tez morena y en definitiva, nos confunden con los inmigrantes hispanos que pueblan una buena parte de los Estados Unidos. Saben que Hernán Cortés era español y creen que nuestra comida está basada en el picante chili España es Sudamérica, si algo bueno nuestro conocen, no lo asocian con el país sino con Europa y como norma, están convencidos de que somos una nación donde hay muy pocos ricos y todos los demás somos pobres de solemnidad.
Bueno, lo dicho hace referencia a la juventud que normalmente no ha viajado todavía a Europa, y también a la gran masa de norteamericanos que no ha cruzado en su vida el charco. Otra cosa es el turista de élite o el ejecutivo yanqui que ha trabajado en multinacionales de Sudamérica y Europa, para quienes España es un gran país moderno, avanzado, con alta calidad de vida, con precios más bajos que en Francia o Gran Bretaña y donde se pueden hacer excelentes negocios.
Llegados a este punto, puedo añadir que en los dos años últimos he advertido que la presencia de nuestro país en Estados Unidos avanzó a grandes pasos. Hoy caminar por Nueva York, auténtica capital del mundo, es una auténtica gozada para un turista español. Las camisetas del catalán Custó hacen furor entre las chicas neoyorquinas; la imagen del gerundense Andrés Velancoso adorna en un gran mural la mejor esquina de la Quinta Avenida neoyorquina donde la firma Louis Vuitton está levantando su sede central norteamericana; Miró y Picasso (este último los ignorantes jóvenes norteamericanos, por cierto, creen que es francés), aparecen en plan de estrella en varios museos y el segundo también da nombre a un restaurante de tapas españolas; la escultura de Sant Jordi preside uno de los jardines de la sede de Naciones Unidas; el banco SCH ocupa un enorme rascacielos en plena calle 53; Carolina Herrera está ubicada en la mejor zona de Madison Avenue y lo mismo ocurre con Lladró en la calle 57; las colas para entrar en los establecimientos de Zara en Broadway o frente a los almacenes Bloomindale,s se forman cada día a la hora de la apertura en ambos establecimientos; las tiendas de calzado de Camper y Jaime Mascaró compiten con éxito con las de mayor renombre mundial en su sector; para ir a misa los domingos tenemos la iglesia de San Vicente Ferrer en pleno Lexington Avenue; en las tiendas de lujo de artículos alimenticios europeos figura una abundante representación española, desde los cavas Freixenet hasta las galletas Trías, pasando por la mantequilla Cadí, nuestro aceite de oliva, quesos de Mahón y manchego, espárragos, vinos Torres y de Rioja, caramelos, frutos secos y conservas.
Manhattan habla cada vez más castellano, catalán o vasco. Así, en el nuevo restaurante Gustavino (de la cadena Conran) abierto en la zona denominada "Las Bóvedas Catalanas" debajo del puente Queensboro, los platos de moda son los mejillones catalanes, el bacalao a la catalana, la crema catalana o el dominical Catalonian Family Dinner; el musical de moda en Broadway estos días de verano es Nine, con Antonio Banderas como figura estelar; ya se anuncia a bombo y platillo la actuación de despedida de Alicia de Larrocha (que ellos mismos califican como una de las grandes pianistas de nuestro tiempo) para el próximo mes de octubre con la New York Philharmonic que dirige Lorin Maazel; las zapatillas Castañer, los artículos de librería Miquel Rius y las ropas de Agatha Ruiz de la Prada se encuentran en una buena parte de los escaparates de la Quinta Avenida; la proeza de Fernando Alonso al ganar el Fórmula 1 de Hungría en agosto supuso titulares destacados en todas las secciones deportivas de la prensa neoyorquina; los zapatos del canario Manolo Blahnik están de moda en los exclusivos establecimientos de lujo donde se venden; y la actuación del Orfeón Donostiarra junto con la Lucerne Festival Orchestra bajo la dirección de Claudio Abbado, fue noticia con fotografía destacada este verano en las secciones culturales de toda la prensa estadounidense. En las tiendas especializadas de música clásica, la presencia española es abundante, con compactos de Jordi Savall, Andrés Segovia, Alfredo Kraus, Josep Carreras y Plácido Domingo como estrellas, y abundante obra de Granados, Rodrigo, Amadeo Vives, Turina, Albéniz y Manuel de Falla, entre otros. La actividad del Instituto Cervantes que reunió en agosto a Manolo Blahnik y a Guillermo Cabrera Infante, es puntualmente recogida por la prensa neoyorquina. Y siguen siendo punto de atracción en las visitas turísticas de la capital, tanto la Hispanic Society of America como The Cloisters; la primera recoge en sus instalaciones situadas al norte de la isla de Manhattan, pinturas de El Greco, Diego Velázquez, Mariano Fortuny, Ramón Casas, Santiago Rusiñol, Isidro Nonell, Ignacio Zuloaga y sobre todo, una colección excepcional de Joaquín Sorolla, además de una valiosa muestra de manuscritos, libros antiguos, tejidos desde la época árabe hasta el siglo XX, grabados y piezas de escultura y arqueología; mientras que The Cloisters alberga en su seno entre otras valiosas muestras de la arquitectura gótica y románica europeas, la capilla completa de la iglesia de San Martín de Fuentidueña (Segovia), los frescos de San Juan de Tredís (Lérida), otras pinturas religiosas españolas del siglo XII y el claustro completo de San Miquel de Cuxa (Pirineos).
El número de empresas españolas exportadoras a Estados Unidos crece día a día, y lo mismo ocurre con las tareas de información, asesoramiento y gestión de las oficinas que en Nueva York poseen la Cámara de Comercio Hispano-Norteamericano y el Copca. Pero todavía son escasas las presencias industriales de nuestras compañías y en este aspecto, nombres como Codorniu, Acerinox, Borges, Agrolimen, Terra Networks, Freixenet, Roca Radiadores, Grupo Izasa y Lladró constituyen la excepción. Recordemos que no hace mucho, decidió vender sus activos en USA el grupo catalán Vall Companys.
Ramón Carlos Baratech