Román Ribas Anfruns, de suspensión en suspensión
Román Ribas Anfruns es un empresario barcelonés que ha demostrado a lo largo de su trayectoria profesional una extraordinaria capacidad de recuperación económica. Hace ya dieciséis años, en enero de 1986, llevó a los Juzgados los libros contables de la constructora Brycsa, declarando un pasivo de 920 millones de pesetas. Los cronistas de la época señalaban que "esta constructora es la última de tamaño medio que quedaba en Cataluña sin suspender pagos y sigue ahora el camino marcado antes por media docena de compañías de su sector de similar envergadura. La empresa, tradicional en el mercado constructor de la región, alcanzó en el año 1984 un volumen de ingresos de 2.580 millones de pesetas con plantilla de 62 personas". Brycsa fue creada el año 1951 en Cornellá de Llobregat por Román Ribas Anfruns, quien durante varias décadas ocupó el cargo de presidente ejecutivo de la misma y antes de la sonada suspensión de pagos, había sido asimismo consejero de Banca Más Sardá y de Megapol.
Una vez enterrada Brycsa, Román Ribas impulsó la compañía de seguros Alba, que también acabó como el rosario de la aurora, ahogada por las deudas, ejecutivos, embargos y créditos incobrables, hasta que en 1999 tomó cartas en el asunto la Comisión Liquidadora de Entidades Aseguradoras (Clea) que procedió a su liquidación.
Con una capacidad financiera envidiable y siempre manejando patrimonios importantes, Ribas Anfruns montó mientras tanto el Grupo Mistral dedicado a la venta de automóviles, colocándolo en uno de los puestos de cabecera del mercado catalán. Para acabar, al igual que Brycsa, suspendiendo pagos y dejando una vez más a una legión de acreedores, con un palmo de narices y más de 30 millones de euros colgados.